Cultura Transversal

Herencia, semilla, catón…

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 9 mayo, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – La herencia pesa, pues obliga. Pero también impulsa y da alas en los días de responsabilidad. Se vio la otra tarde en las arenas maestrantes cuando, consumada la emotiva despedida de su hermano, Cayetano capeó encastado de frente por detrás y se hincó de rodillas antes de, ya en pie, dibujar un suavísimo natural poco después de que El Juli hubiera dejado al de Daniel Ruiz en el caballo con una media verónica con sabor a anís Machaquito.

Así llegó José Enrique Morente a la García Lorca a inaugurar el ciclo isidril de cante: con la herencia en el alma y sobre los hombros y, en el bolsillo del chaleco, sus gaoneras, naturales y trincherillas. Yo asumí la cosa como una especie de mano a mano con pared u hoja de calendario por medio entre el ayer consolidado y el mañana que viene, entre Antonio Fuentes y Belmonte, porque la noche siguiente cantaba sobre el mismo proscenio Manuel Moneo, hermano del Torta y cantaor reputado de clásico en vida. Si el ilustre veterano es el catón fijado que oficia como base y proporciona indulgencias a los arrumacos del corazón y sus necesidades, el joven se entrega por naturaleza -y, en este caso, inclinación- a la búsqueda experimental, sólo fructífera merced al gusto por lo clásico que él -por legado paterno- profesa.

Si, cuando se entrega al doliente cante por soleá, el rostro de Moneo adquiere los rasgos de la gárgola, forma adoptada por los ángeles para presentar batalla a los demonios desde las fachadas de los templos medievales, José Enrique Morente, desde la tersura de su edad, prueba, sueña y se atreve, a veces con la seguridad que el corazón concede y, otras, con la tranquilidad del jugador que todo lo fía al albur de un descarte. La lisura de tez y las terrosas arrugas: buenos símiles de las inevitables y necesarias etapas de la expresión flamenca. Muy a nuestro pesar, no pudimos dejarnos caer por el recital de Manuel Moneo con el concurso de la guitarra de Miguel Salado -ya con mucho cartel en Casa Patas– y cuyo cante de pedernal no hay que perderse, lo sabemos… y no nos perderemos apenas surja de nuevo la ocasión. Mientras escribimos esta crónica ya están, sin duda, volando hacia nuestros oídos los ecos de su triunfo.

Para escuchar al más joven de los cordiales duelistas tomaron asiento acomodados entre la afición que poblaba la sala su madre Aurora, Enrique Heredia Negri, Salomé Pavón, Juan José Amador Perre, Anya Bartels-Suermondt, Curro Conde, Ana Manso, Antonio Novillo, Rafael Manjavacas o Aitana March, cuyo padre -Paco March, digno sucesor del Eduardo Palacios que cantara las hazañas de Procuna, Luis Miguel o Manolo González en la Monumental de Barcelona- mantiene viva la llama taurina en la prensa catalana. Le acompañó a la guitarra un David Carmona eficaz y bien compenetrado con el cantaor, a quien escuchábamos por vez primera y que acaba de sacar disco. Como en anteriores comparecencias suyas a las que hemos asistido, el joven artista se inclinó por melismas y propuestas melódicas muy de la casa que nos permitieron entrever en él -más allá de que determinado flamenco pueda incluir en un álbum o portar en su repertorio un tema de Enrique- al único cantaor en activo que se decanta de modo completo y sin fisuras por la escuela morentina, lo cual conforma, sin duda, un camino abierto y de muy ancha calzada.

Mas no escuchamos sólo a un legítimo heredero, pues tanto al abordar la granaína, el taranto, la taranta o los fandangos como cuando espolvoreó con abonos propios la vieja y entrañable soleá, sembró además cosas de propia cosecha. Muchas de ellas estén quizá recién salidas del laboratorio, y siempre intriga asistir al brote de los primeros frutos de una cosecha, Le salió precioso el cambio de manos por la espalda con que materializó la transición de los tientos a los tangos y, tras jaleadas bulerías, llegó el natural y merecido bis. A finales de mes, y tras su paso por la plaza de primera que es Casa Patas, le espera otro compromiso de importancia en el Teatro Lara y junto a Pepe Habichuela. Allí habrá que estar, lo mismo que en otras cuantas noches de este ciclo tan torero de la García Lorca de Casa Patas.

Foto: José Luis Chaín

 

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