Cultura Transversal

Más allá del ancho Misuri

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 20 mayo, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – Los fieles a los títulos de la colección Frontera de Valdemar -Fort Laramie del gremio de la edición- somos en general devotos de la novela del Oeste y jinetes, pues, por las praderas y bosques de la fábula, por lo que pudiera sorprender la incorporación a la misma de Más allá del ancho Misuri, de Bernard DeVoto, un ensayo sobre el comercio de pieles de búfalo y castor ejercido por tramperos y pieles rojas entre, más o menos, 1830 y 1850 y una historia de la lucha entre compañías británicas y estadounidenses por el monopolio de la caza y el trueque en territorio indio. Pero ya nos recuerda en la presentación Alfredo Lara López, director de la serie, que el nombre “B. DeVoto” aparece tallado en una de las lápidas del cementerio visitado por John Wayne en La legión invencible, de John Ford, inequívoco guiño a la notable influencia ejercida sobre el universo cultural del Western por el autor de esta obra ganadora en 1948 del Pulitzer, que -aunque prácticamente desconocido aquí por no haber sido traducido- fuera además una autoridad en la obra de Mark Twain y famoso y acerado polemista en las páginas de la prensa norteamericana. Además, este estudio llega a nuestras manos escrito con tal vigor narrativo que, significativamente, inspiró en 1951, año de triunfos en España para los toreros mexicanos, una memorable película con Clark Gable y la beldad azteca María Elena Marqués al frente del reparto.

El libro es un certerísimo hilado de anécdotas cuya suma, en verdad, compone la historia del Oeste antes de que los blancos acometieran sin marcha atrás su completa conquista. Personajes como Kit Carson, el pintor Alfred Jacob Miller, el noble escocés William Drummond Stewart, el Jim Bridger a quien sus hombres no lograron extraer del hombro una de las dos puntas de flecha con que fue alcanzado por los piegans -rama de los pies negros, al igual que los bloods- o el Príncipe Maximiliano de Wied-Neuwied, oficial en las campañas contra Napoleón, naturalista y etnólogo (con uno de cuyos descendientes, que jugara un interesante papel en la sombra en el enigma de la Gran Duquesa Anastasia, mantuvimos en su día breve correspondencia, de modo que nuestra vida, si bien de pasada, vióse sutilísimamente entrecruzada con el mundo de Un hombre llamado Caballo)… ¿Qué decir de Barriga Podrida, Cuatro Osos o Torbellino, jefes de guerra de los crows, mandans y sioux, respectivamente?

Los citados y muchos más comparten protagonismo en estas páginas con los ríos, las Montañas Rocosas, los fortines, la viruela que a tantos pieles rojas exterminó, arquetipos de la sabiduría como el castor e iconos como el bisonte, especie de la que no se localizan grandes manadas antes de bien pasado el Solsticio de Verano y de cara a cuya caza nos son ofrecidos utilísimos consejos. La sempiterna lucha entre crows y pies negros es aquí recordada con una minuciosidad que no hubiera mejorado DeVoto ni aun con la asesoría del célebre hombre-medicina aragonés José Chamorro, jefe de guerra de todas las tribus que en la actualidad vivaquean más allá del ancho Ebro antaño cruzado al galope, aullando y con las lanzas en alto cual sioux al ataque, por los templarios.

Y nos deleitamos con una delirante historia que, si aquí apenas ocupa unas tres páginas, podría ella sola inspirar una película: la de la invención por misioneros protestantes del cuento chino de que cuatro guerreros flatheads fascinados por los Diez Mandamientos de Moisés habrían ido en 1830 hasta San Luis en embajada ante William Clark, el célebre explorador y, entonces, superintendente de Asuntos Indios para que éste les ofreciese la luz salvadora del cristianismo. DeVoto indaga en los trasfondos del episodio. En realidad se trataba de un flathead y tres nez perces deseosos de ser aleccionados en la magia que permitía a los blancos disponer de cubos de metal, cuchillos, mosquetes y demás productos manufacturados. El flathead y uno de los nez perces murieron en San Luis, siendo enterrados en un camposanto cristiano luego de serles administrados el bautismo y la extremaunción en el lecho de muerte y en las condiciones que podemos suponer, teniendo en mente que aquellos indios sólo podían hacerse entender en la lengua de signos, el esperanto de las praderas. De los dos supervivientes, uno falleció en el camino de regreso y el otro, Pantalón de Piel de Conejo, cuyo retrato por Catlin se incluye en la galería de pinturas del libro, cayó en un enfrentamiento con los pies negros.

La absurda peripecia, que prosigue con la aparición en escena de Jason Lee -el clásico misionero coñazo obsesionado por convertir al cristianismo a quien no lo necesita- y concluye con la matanza un lustro más tarde del matrimonio Whitman, madre ella del primer bebé blanco nacido en las Rocosas, es mejor que la descubra el lector en el libro de DeVoto y en su mirada rigurosa, pero siempre irónica -y de ella no se libra indio ni rostro pálido- sobre el ánimo con que misioneros, militares y negociantes, obnubilados por la doctrina del Destino Manifiesto aún hoy en vigor, se lanzaron a la forja de la mentalidad continental estadounidense.

Un libro para leer y releer gozosamente mientras se mastica pemmicam y se fuma un calumet junto al fuego… Y también en verano, claro, a la sombra de un pino en San Rafael, Cercedilla u otros enclaves de frontera donde pies negros y tramperos vivan actualmente en paz. ¡Contiene mucho de lo que aprender!

Foto: José Luis Chaín

 

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