Cultura Transversal

El Emperador descalzo

Posted in Autores, Historia, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 3 junio, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – Año del Señor de 1845, aproximadamente. Las lumbreras en política exterior de París y Londres apenas reparan en un potencial Imperio africano, estratégicamente emplazado a medio camino de sus rutas comerciales hacia la India, pero hundido en el Medioevo y de historia y noticias inciertas, dividido en taifas, asolado por sangrientas e intermitentes guerras entre mesnadas y donde decenas de ex Reyes de Reyes -descendientes más o menos lineales de Salomón y la Reina de Saba- piden limosna por las calles o languidecen encadenados en las tiendas de sus vencedores. ¡Etiopía, donde los años se cuentan según el calendario gregoriano a la par que desde la Creación del mundo! ¡La Tierra del Preste Juan! Un reino cuyos habitantes cristianos musitan mientras caminan plegarias por lo bajinis para que el demonio no les entre por la boca y consideran nefasto el roce de la sombra de quien haya yacido con mujer la noche anterior.

El mañana es muy incierto, sí. ¡Pero nada es eterno en el Valle de Lágrimas! Durante el reinado de la antigua regente Menen, que ha liberado de los grilletes a uno de los Reyes salomónidas, Yohannes El Necio, dieciséis años menor que ella, para entronizarlo y contraer nupcias con él a fin de ser Emperatriz, surge un hombre, ese salvador que, a decir de los sacerdotes falashas y ortodoxos, vendría tarde o temprano a poner término al decadente interregno sufrido por Israel antes que por Etiopía y conocido en la Biblia como el Tiempo de los Jueces: ¡Tewodros!

La vida de éste -Tewodros II desde su coronación como Rey de una Etiopía unificada tras un largo período de caos- presenta sorprendentes concomitancias con la del Rey David, de cuya figura este señor de la guerra está persuadido de ser una suerte de avatar enviado por Dios. Es su peripecia jalonada y pavimentada con salmos, magnanimidad y muertes sin ton ni son la recuperada por Philip Marsden en El Emperador descalzo, mitad ensayo de historia y mitad aventura de Salgari, publicado por Ediciones del Viento y uno de los mejores y más apasionantes libros pasados últimamente por nuestras manos.

Carismático, caprichoso y valiente, extraña amalgama de iluminado y pragmático obsesionado con hacer amistad con la Reina Victoria, se esfuerza en vano por entender a los pocos occidentales residentes en su peligrosa tierra: un campanero ruso huido del Zar Nicolás I, un judío convertido en misionero protestante… Pero será con dos de ellos, arribados al Reino de las Maravillas unos años antes de su ascenso, con los que trabe una especial relación: el escocés John Bell, marino errante que emparentará con él y será uno de sus ministros, y el cónsul británico Walter Plowden: rara pareja de soldados de fortuna que recuerda a la formada por Sean Connery y Michael Caine en El hombre que pudo reinar. Y, más tarde, con Hormuzd Rassam, asirio y cristiano caldeo, exitoso arqueólogo descubridor del palacio y la biblioteca de Asurbanípal antes de ser enviado por el Foreign Office a negociar con Tewodros la liberación de los occidentales a los que mantiene cautivos, drama que culminará con el envío desde la India de una expedición armada con cañones a lomos de elefantes y bajo el mando del general Napier.

Tewodros, a quien durante el reinado de S. M. I. Haile Selassie y coincidiendo con el centenario de su muerte dedicaron los servicios postales de Etiopía una serie de cuatro valores dentados, en uno de los cuales aparece sentado ante su escudo y acariciando a sus leones, serviría que ni pintado como perfecto arquetipo de ese perfil de gobernante adicto a la impunidad, el capricho, la crueldad gratuita y un cierto infantilismo de ribetes inquietantemente demoníacos que suele ser asociado de oficio a los déspotas africanos o asiáticos, pero que a ningún lugar del orbe es ajeno, y mucho menos en nuestra época, prolífica en matanzas en masa y en la que la política mantiene a resguardo del ojo público amplias zonas gobernadas por el silencio y el secreto, previstas y equipadas para la comisión de perversidades que jamás hubieran zumbado en la cabeza de Tewodros.

No es El Emperador descalzo, por tanto, sólo un libro magnífico. También es muy actual.

Foto: José Luis Chaín

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: