Cultura Transversal

“Comadre”. El segundo eterno…

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música, Teatro y Artes Escénicas by paginatransversal on 13 junio, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – Los intentos de Mario Maya por sentar los cimientos coreográficos de una narrativa flamenca con recursos y vocabulario propios, que pudiera llegar a coagular en un género específico de la dramaturgia, se remontan a 1976, cuando se unió a José Heredia Maya para subir a escena Camelamos naquerar. Ahí nos dejó esa estampa del gitano tratando de zafarse de las fuerzas oscuras que pugnaban por cortar de raíz su errancia y que, con el tiempo, se ha convertido en un icono emblemático de la danza flamenca, al igual que la silueta de John Wayne saliendo de la casa de su familia arrasada por los cheyennes de Cicatriz lo es del Western.

Pasan los años, las tentativas de consolidar o dar con las claves de ese discurso dramático flamenco continúan… y ahí sigue todavía, tirando de los bailaores, la soga, que en Comadre -el espectáculo estrenado por Mónica Fernández en el Festival Flamenco Madrid y en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez– vemos reaparecer como símbolo de la memoria o, más bien, del peso de la misma y, en particular, de las trampas, argucias y cornadas que despliega en fuego cruzado cuando se reviste de conciencia remordida, encarnada en la obra de modo impecable e implacable por Gala Vivancos. Esa memoria, sí, sin la que -como venimos últimamente recordando- aseveraba Farruco que el Arte es imposible, ha propiciado la puesta en pie de este montaje con tanto de teatro como de flamenco en sus elementos constitutivos y en el que somos inviados a asomarnos a los más mohosos espejos del alma enturbiada.

Cuestiones dramáticas y de ambientación aparte, hemos de decir que, en estos tiempos de sequía artística en lo que al baile flamenco femenino se refiere, o quizá sea yo quien -por despiste- encuentre interesantes a pocas, Mónica Fernández es una bailaora a reivindicar y por descubrir. Además de que en todo su hacer transluce el pálpito de lo verdadero, su braceo en el taranto no es de los corrientes y, en la soleá por bulerías, nos regaló la sorpresa de un desplante verdaderamente sensacional, tan etéreo como rotundo y en el que logró materializar el milagro del segundo eterno. Como yo soy de bailes cortos e instantes sin fin, lo celebré de verdad, porque el segundo eterno, admitámoslo, ya no lo vemos casi nunca y es una pena, pues si uno se acerca por estos sitios es movido por la esperanza de que alguien le dé a beber un sorbito de eternidad.

Este montaje pretende tocar las llagas de la psique y adentrarnos por los oscuros y encharcados pasadizos de la terapia del perdón, lúgubre laberinto que, puesto que en el teatro todo es mentira y el tenebrismo -patente en la obra- no es más que juego con las sombras, cuando la bailaora hace mutis por el foro y deja atrás sus fantasmas, queremos creer que termina por conducirla hasta la luz salvífica. Además, el antedicho desplante es merecedor de esa gracia, como la obra de ser representada en las citas flamencas importantes.

Porque las imprecaciones, el polo y la siguiriya con que, tras las palabras de presentación de Ángel Rojas, arranca la función son desde el principio una apuesta fuerte por la intensidad y por ceñirse con el toro sin probaturas ni tanteos. El diálogo gestual entre las dos mujeres fluye tan feroz como creíble antes de dar paso a una Gala Vivancos con aura de artista importante que se luce con elegancia y sumo peso específico en su danza sobre el sendero de los cuentos de hadas trazado por el violín de Fernando Rico. Durante todo el curso del libreto cumplen con brillantez los ecos de Juan Triviño y Roberto Lorente, curtidos en el cante para el baile, así como el siempre personal Lucky Losada sobre el cajón y la guitarra de clase superior de su hermano Iván, a quien incumbe junto a él la dirección musical.

Al término de la función, muchos artistas acuden a felicitar a los compañeros: María Juncal, Vanessa Coloma, Salomé Pavón, Pol Vaquero y, con su hijo, Rancapino, que al día siguiente canta como invitado en el espectáculo de La Chana. Enhorabuena a los intérpretes y mucha suerte con Comadre.

Foto: José Luis Chaín

 

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