Cultura Transversal

El cante y la Fiesta

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 15 junio, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – En una semana de importantes comparecencias en la capital de bustos del cante y mientras El Pele la está formando en Sevilla, nos incorporamos como espectadores a la Suma Flamenca cuando su directora, Aída Gómez, acaba de ser galardonada con la Medalla al Mérito en el Trabajo y han pasado ya por los escenarios de los Teatros del Canal Eva La Yerbabuena y Argentina. Es la noche, la hora, el momento de David de Jacoba, a quien teníamos ganas de poder escuchar un recital completo como protagonista y que con un gran comienzo de faena nos enciende todas las alertas, pues en los ecos apolados y el lamento por malagueña con que abre su repertorio deja bien patente que es, como cantaor, el buen gusto personificado, pues difícilmente se puede cantar más gitano y con esa dulzura pura y natural que nada debe al empalago y que punza los sentidos con quejidos de una calidez que invita al ensueño lúcido. Lo suyo es aquello, en fin y como bien explicaba Rafael El Gallo, de tener un misterio que decir… y decirlo.

Con la audiencia ya de su parte, la calidad de su metal y lo muy elaborado de su propuesta terminan de cautivarla con unos cantes de Levante y unos tientos de inicios azambrados a los que la exquisitez con que Jacoba matiza y el paladar con que los saborea imprimen sello de certificado ecológico. ¿Qué decir de su cante por siguiriyas, así en las invocaciones de salida como en los dolientes escalofríos con que se recoge? ¡Así se canta! ¡Magníficos también sus fandangos y su bulería acordándose de Juan Antonio Salazar!

A su siniestra, Carlos de Jacoba se destapa como una de las guitarras del momento al fundir por soleá bordonazos de gran hondura y calar en la concurrencia por el sonido tan flamenco y refulgente con que durante toda la gala adorna y sostiene el cante de su hermano. A la percusión, brillan los cortes y juegos ricos en sonidos negros de Antonio Losada y -para mí, un descubrimiento- saluda montera en mano el bajo de Johnny Losada, que protagoniza en la bulería final uno de los momentazos melódicos y rítmicos de la noche.

Dos días han pasado. Mientras Rafaelillo se mide en Las Ventas con el primero del encierro enviado por Don Eduardo Miura, tres cantaores salen de la capilla para hacer el paseíllo en el Canal y estrenar De bronce y oro. ¡Siguiente festejo de la Suma! Ya está aquí Antonio Reyes, de Chiclana y de familia de flamencos y toreros y a cuya hermana Remedios deberíamos escuchar un día de estos cantar en Madrid. Y también Duquende, con sus barricas de aguardiente lunar, macerado en la cara oculta de Selene. Ambos vienen de arrancar ovaciones en el Lope de Vega, a orillas del río por el que navegara Apolonio de Tiana. Y con ellos llega un veterano fajador: Capullo de Jerez, artista nato, de fuertes aristas y siempre soltando esquirlas que recuerda al César Girón que, al entrar en el patio de cuadrillas, saludaba a sus compañeros con un:

-¡Cornadas para todos!

La noche da para mucho runrún y comentario. Acompañado con justeza y flamencura por Diego Amaya, Antonio Reyes, un punto nervioso quizá por abrir plaza, se acuerda de Caracol por pregón, de Camarón por soleá y de Panseco en la bulería, deleitándonos con su eco meloso, su gusto innato y su bien afinada garganta, de afán preciosista y que agavilla los olés cuando canta con el corazón. Duquende y su duende seco y sin concesiones… están y no están. Tras cuajar soberbios momentos por siguiriyas -con Paco Heredia, tocaor de solera, a cargo de las seis cuerdas- y cuando parece que va a romper, tira a aliñar y espera al sobrero, que mete la cara por bulerías y tangos. Noche un tanto escurridiza de un cantaor que, no obstante, deja detalles y pasajes que reafirman su enorme calidad. Pero bueno, esto no son matemáticas… Además, volveremos a escucharle en Pamplona, en Flamenco On Fire. Y sale Capullo con la guitarra de Manuel Jero a su izquierda -tremendo en la bulería- y equipado con su filosofía gironiana de cornadas para todos y no imparte, por supuesto, ninguna lección de cante, pero sí de talento escénico. Todavía no se ha alzado el telón y ya resuena, dándolo todo, su bramido por soleá. Cuando el telón alcanza el tope, el público ya se agita en su bolsillo.

Es uno de los secretos del arte y del triunfo, eso de salir entregado, vaciándose y salvaje desde el principio. Creo humildemente que hoy muchos toreros se equivocan con tanta probatura y tanto planteamiento de faena, confiados en que al décimo quinto muletazo, cuando de verdad se fajen con el toro, éste va a romper a bueno y entonces, justo entonces, la plaza va a volverse loca. Lo más frecuente es que, a esas alturas y después de repetidos esbozos de faena a medio gas, se hayan quedado sin toro. Me parece que es mejor poner boca abajo aquello ya de salida y, después, sea lo que sea que ocurra, que le quiten a uno lo bailado. ¿El toro no embiste? Capullo se saca un fandango del bolsillo y la banda rompe a tocar. Esto es así y no hay vuelta de hoja. Faena de rabo, que la afición podrá cuestionar más o menos, pero de rabo. Para mucho comentar y meditar, como decía…

Foto: José Luis Chaín

 

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