Cultura Transversal

El baile de las Esfinges

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 27 junio, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – En el acervo mitológico es tradición distinguir entre dos categorías de esfinges. De un lado las griegas, cuya función principal es plantear al hombre, en una apuesta a vida o muerte, un enigma. Las segundas son las egipcias, guardianas de las pirámides y emblemas de la Unidad, la Verdad y lo Absoluto. La gran esfinge del baile gitano y que aúna en su persona las características de ambos tipos es por descontado y desde hace mucho Manuela Carrasco, pues no ha surgido en los últimos treinta años en nuestro arte ninguna figura femenina con el carisma, la planta y los recursos de bailaora que vienen desde muy joven sosteniéndola en un lugar de privilegio. No debe olvidarse que, según Plinio El Viejo, Pomponio Mela hablaba de las esfinges como animales raros, pero reales. Y Manuela es la prueba viviente de que existen.

Todos cuantos acudieron a su gala en la Suma Flamenca pudieron comprobarlo y, quienes no supieran responder a la pregunta de la esfinge, que de todo hay en la viña de Señor, saldrían sin duda devorados y confundidos por el resplandor de su duende cegador e incandescente. La gran mayoría, como era de esperar, abandonó la Sala Verde de los Teatros del Canal completamente deslumbrada o, en el caso de los que se dejaron caer por allí sin saber a quién se iban a encontrar, pasmada.

Suntuaria como siempre en el vestir y tras abrir el apetito con un taranto rancio y clásico, Manuela regresó a escena como insuflada por hálitos vivificantes para brindarnos un baile por bulerías que, desde que tomó asiento en el borde de la mesa hasta el desplante final con que abandonó la escena, ni por un instante decayó. Y bueno, esa salida suya andando, de ese modo tan majestusoso… En fin, que no es nada fácil irse así, con ese empaque. Ni de la bulería, ni del escenario ni de ningún otro sitio. Eso sólo le sale a las esfinges y, en particular, a las pocas de ellas que guardan en cámaras ocultas de sus pedestales los libros sagrados del hermetismo.

Luego, su baile por soleá fue verdaderamente redondo en todos los respectos, plagado de momentos sublimes en sus plantes y, en especial, en su enjundioso marcaje sin apenas moverse, bailando casi más con las cejas y las uñas que con el resto del cuerpo y en el que se acopló en varios momentos de modo impactante con el despacioso, inspiradísimo y viril cante por soleá de un Miguel El Rubio henchido con la solemnidad de un sacerdote tebano. Sonaron también con fuerza los olés para este cantaor tan especial en una noche en la que el juego de pies de Manuela nos deleitó y emocionó con una musicalidad y una euritmia geniales.

Entre baile y baile cantó Ezequiel Montoya por fandangos después de que Ingueta El Rubio hubiera dejado asombrada a la concurrencia con la gustosísima inspiración que guió a su metal por dicho palo, y Samara Carrasco por tientos y tangos con aire y acentos muy gitanos. Rotundas y entonadísimas sonaron las guitarras de Joaquín Amador y Paco Cortés: serias, rotundas, con peso y dignas también de los templos de Tebas.

Las esfinges vuelven… ¡Agitemos los sistros y celebremos su duende!

Foto: José Luis Chaín

 

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