Cultura Transversal

Guitarras en la “Suma”

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 29 junio, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – Tras largo tiempo de silencio, anonimato y tinieblas, volvió Rafael Riqueni por fin a la luz y, por todo lo alto, a la escena sobre la que tantos loores y triunfos cosechara. Su muy esperada reaparición tuvo lugar de la mano de Aída Gómez, en la Suma Flamenca y con motivo de la puesta de largo en Madrid de su más reciente disco, Parque de María Luisa (Universal Music). Riqueni es uno de los músicos con más talento del orbe flamenco y su justo prestigio le hacía acreedor a un regreso en plaza de primera y arropado por la afición que desde los inicios de su carrera le prestó aliento.

Compareció Riqueni flanqueado por una segunda guitarra, dos violines, un violonchelo, un piano, un contrabajo y una percusión, más el baile de Javier Barón y la flauta y el saxo de Gautama del Campo, quien hízose acreedor a los olés del público en varios momentos. Precisamente fue su flauta quien, silente aún la guitarra de Riqueni, nos introdujo nada más alzarse el telón en una suerte de óleo del romanticismo alemán, antesala de una obra que es no es en propiedad flamenca, sino una fantasía hilada más bien en la línea de los grandes compositores españoles, pese a que no dejen de resultar patentes en ella las influencias del género que ha dado a Riqueni nombradía y sitio, y que a mí me recuerda, no sé bien por qué, en talante y espíritu a la de Erik Satie, músico cuya escucha siempre me conmueve.

En el curso del estreno madrileño de esta creación de alta escuela integrada por más de una docena de piezas cortas, a veces breves como aristocráticas pinceladas, el sutilísimo oído y el don para el matiz de Riqueni destellaron con precisión sideral en el rizado de arpegios y trémolos pensados para el más exigente paladar. Es bueno ser inspirado, como él en Trinos, por el canto de las aves, pues el Idioma de los Pájaros llamaban, en la antigüedad, a la lengua supuestamente hablaba por el primer hombre en el Paraíso, que es donde debió sentirse en muchos momentos Riqueni en esta noche clave para su carrera.

En la segunda parte, ya flamenca, tocó por taranta y soleá con autoridad y peso, convencido y convenciendo y con despliegue de un juego digital denotador de toda la música que atesora en el desván. Luego, al reincorporarse a escena los acompañantes de Parque de María Luisa, los tangos, los fandangos de Huelva o la bulería -de riquísimos matices en el diapasón de Riqueni- perdieron para nuestro gusto, en el conjunto, algo de sabor hondo, pues quienes le secundaban no eran intérpretes habituales de flamenco, género que requiere no sólo fidelidad a unas melodías y ritmos, sino también dominio de unos ciertos acentos. La calidad de la obra, no obstante, ahí está. Servido en un formato ideal para recorrer el mundo en festivales prestigiosos, el concierto causó -y con sobrados motivos para ello- gran impresión, y a buen seguro va a ser un éxito allá donde vaya. En agosto se le aplaudirá en el Baluarte de Pamplona, en Flamenco On Fire.

Riqueni se posiciona de nuevo, en fin, como una de las guitarras del momento. De eso, de guitarra del momento, calificábamos también el otro día a Carlos de Jacoba a propósito de su toque acompañando a su hermano en los Teatros del Canal, y eso mismo vino a refrendar en su concierto en el Teatro Pavón, primero en solitario de su carrera. Si la apuesta de Riqueni hace inevitable pensar en delicadísimas cristalerías de Bohemia, la de Jacoba suena más a madera: a caoba, a cedro, a ébano… según el palo que aborde. La resonancia de su pulsación le emparenta más con Melchor de Marchena, Mario Escudero o Pepe Habichuela que con Paco o Tomatito, y nos convenció del todo su fraseo, sumamente elocuente a propósito de la mucha música que, como a Riqueni, le bulle en la cabeza y merced al cual logra hacer sonar como añejas falsetas de novísimo cuño. Gustó mucho, así como el baile por siguiriyas y bulerías de Polito, la guitarra invitada de Juan Carmona y el cante de David de Jacoba y Miguel de la Tolea. A éste llevábamos tiempo sin escucharle, y dejó excelentes destellos por siguiriyas y tangos. David de Jacoba, por su parte, revalidó todas las magníficas impresiones de su recital en solitario y es de augurar que no tarde en consolidarse como una de las principales voces flamencas de esta época. En cuanto a la carrera como concertista iniciada aquí por Carlos de Jacoba, sólo aducir que, tras dos sabrosos toques en solitario, enseguida salió a escena el grupo, adquiriendo un protagonismo casi similar al del cabeza de cartel, con lo que se da paso a una propuesta escénica con más de jam session que de recital de guitarra solista, concepto sin duda de más recorrido comercial, pero al que quizá fuera interesante dar una vuelta dependiendo del carácter escénico de cada compromiso a afrontar. Magnífico, muy caliente y de gran clase su triunfal quehacer, en cualquier caso.

De modo más cabal se ajustó a la estructura formal de un concierto solista el ofrecido la noche siguiente, ya festividad de San Juan, por otra guitarra del momento, Jesús de Rosario, pues se dejó escuchar con más largueza en solitario y sus acompañantes se mantuvieron por norma, salvo en momentos puntuales, siempre en un plano secundario. El recital tuvo como marco el jardín de la Casa Museo Lope de Vega, donde se asume que nació el Príncipe de los Ingenios, y en él, tras excelentes solos por granaína y minera, durante la interpretación de su versión personal de Cinema Paradiso, de Morricone, que ha trasladado a climas sentimentales flamencos que nos hicieron recordar los aires gitanos del sur de Francia, consiguió Jesús de Rosario encogernos el corazón y que casi se nos saltaran tres o cuatro veces las lágrimas. Creo que es el mejor baremo a la hora de dilucidar si un músico es o no artista. Luego de hacernos vivir ese pasaje inolvidable de la historia secreta del Barrio de las Letras, ofreció además dos primicias de su nuevo disco en proceso de grabación, unos tangos y una soleá por bulerías cimentados sobre falsetas tan originales como sugerentes, pulidas y ricas en intención y sabor y que terminaron de otorgar a su comparecencia solidez y peso incontestables. Su cartel sale reforzado de la Suma y él, lo dicho: en guitarra del momento.

Delicioso resultó también, claro, el disfrute durante su recital del tan jubiloso como espeluznante quejido por soleá de Rafita, un cantaor con sello al que debería escucharse alante en la Suma, así como de la airosa y punzante segunda guitarra de Mario Montoya, la percusión de Lucky Losada, que hace siempre a uno venirse arriba, y el bajo de flamenquísimo soplido de Natanael. No sabemos cuántos sanjuanes como este degustaría Lope, pero a nosotros, este nos supo a gloria.

Foto: José Luis Chaín

 

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