Cultura Transversal

¿Quién es el bueno?

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 8 julio, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – Acabo de leer Bull Mountain (Siruela), la novela con la que, según la crítica estadounidense, el debutante Brian Panowich ha renovado y revitalizado el thriller sureño, y me han asaltado unas ganas costosamente reprimibles de liarme a tiros. Lo de sureño a mí me hace pensar así, de primeras, en Faulkner y también en Lo que el viento se llevó, en la película, porque el libro no lo he leído. Pero en Bull Mountain no hay Señorita Escarlata ni tu tía. Solamente un tropel de degenerados, matones, chulos, masoquistas y gente en una u otra medida miserable que, en caso de ser un reflejo demoscópico de las inclinaciones temperamentales de los habitantes del estado de Georgia, estamos convencidos de que sería imposible encontrar allí a los imprescindibles diez justos exigidos por Dios para dar marcha atrás en Su orden de destrucción de Sodoma y Gomorra.

Bull Mountain narra entre disparos, amenazas y chirridos de neumático la historia terminal de una dinastía de delincuentes, amos desde hace generaciones de una montaña donde se consagran a hacer el bestia y generar dinero más sucio aún que el atesorado por las corporaciones farmacéuticas y con la ayuda de toda la comprensión y la complicidad paisana de sus vecinos, indulgentes y tolerantes con cuanto desmán provenga de la gente “de aquí”, de “los nuestros”, de “los de toda la vida”…

Pero como yo no soy de “allí”, tras seguir desde la atalaya del lector las andanzas de los moteros fabricantes de subfusiles de asalto, los proxenetas, las lumiascas, los retrasados con pistola y los deformados desde niños por el ataque de los abejorros, accidente infantil al parecer muy frecuente en las aldeas wasp con conciencia identitaria altamente desarrollada, yo, de tener que escoger, permitiría salir de la cárcel al casi nonagenario Totó Riína, capo de Corleone, que lo ha pedido educadísimamente y puede esgrimir infinitamente más pedigrí identitario que todos los lugareños de Georgia juntos, antes que dar un vaso de agua a casi cualquiera de los personajes de esta novela. Decía Cela que el amor fue antes que el abejorro, pero está claro que en este pueblo han recibido de niños demasiados picotazos como para enterarse. Lo del amor, entre otras muchas cosas, no lo conocen ni de oídas. De hecho, averiguar quién es el bueno de la novela supone para el lector de Bull Mountain un verdadero reto.

La novela, entretenidísima, nos recuerda -y eso es bueno- el callejón sin salida que siempre termina por ser -por lo común, a medio plazo- la venganza, conducente a no más que una imparable acumulación de karma, ese acreedor permanente de la vida y la conciencia humanas y de cuya visita maletín en mano para cobrar las facturas no se libra ni el más y mejor protegido pandillero de Georgia, ni el empresario tapadera que lo avala ni el padre que engendró a ambos o, por lo menos, a unos cuantos piezas de esta intriga de odios fraternos, entre policíaca y vaquera, que lo es también de tropiezos de cama de esos que alteran sin remedio la cadena familiar.

Como llevo tiempo sin querer ni poder librarme de mi adicción a los títulos policíacos de Siruela, ahora voy a leer Trilogía negra de Pekín, de Diane Wei Liang, tres novelas en un solo volumen y cuya acción transcurre en la China comunista. Vamos a ver si allí son tan malvados como en lo que queda del profundo Sur del general Lee. Ya les contaremos.

Foto: José Luis Chaín

 

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