Cultura Transversal

Emanuela y los elfos

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 29 julio, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – En su tratado sobre los elementales, Paracelso distinguía entre la carne de los hombres, procedente de Adán, y la que no procede de él, siendo la segunda -la de los antedichos seres- de naturaleza sutil, pues “no está hecha de la tierra”. Los elfos, una especie importante en la taxonomía de estos entes, inspiraron hace poco a Arnaldur Indridason una novela policíaca de rara belleza y cautivador clima: Pasaje de las Sombras (RBA), tejida en torno al asesinato de una chica que, como asevera uno de los personajes: “Sabía de la existencia de rocas donde habitaban elfos y conocía cuentos locales sobre seres ocultos. No cabe duda de que se cuentan en cada granja, crea o no crea la gente en ellos” El asunto dista de ser cosa del pretérito, si se recuerda la oposición suscitada recientemente entre algunos diputados daneses por un proyecto que preveía destinar fondos públicos al estudio de los trolls (en realidad, del folklore nacional relativo a estas criaturas pobladoras del aire, el agua, el fuego y los bosques). Y bueno, es conocida la historia del rapto en 1692 del Reverendo Robert Kirk por las hadas y elfos sobre los que tanto escribiera.

Las grandes autoridades en la materia son, claro, Paracelso y, en el campo de la literatura, Tolkien y el Barón de la Motte-Fouqué con su novela corta Ondina, publicada en una excelente edición por Miraguano. Los elfos, nos precisa el primero, “aun cuando son ambas cosas: espíritu y hombre, no son, sin embargo, ninguna de las dos. Pues no pueden ser hombre, ya que son espirituales en su errar. Espíritus no pueden ser, pues comen y beben, tienen carne y sangre”. Se trata, pues, de entidades del mundo intermedio o sutil, pero cuya capacidad de mantener trato -incluso sexual- con los humanos es magnificada cuando son trasplantados al universo del cómic, donde el elfo suele ser representado como un híbrido de Mr. Spock y los guerreros de los tiempos imaginarios de Conan y, en caso de ser hembra, con curvas de Mesalina maestra en artes marciales. Buen ejemplo de ello es el primer volumen de Elfos, de Istin, Duarte, Jarry y Maconi, publicado por Yermo y que incluye las dos primeras aventuras de la serie: El cristal de los elfos azules y El honor de los elfos silvanos.

La licencia literaria permite a los padres de esta historieta contradecir a Paracelso, quien nos explicó claramente que los elfos disfrutan de una vida muchísimo más larga que la de los humanos, y convertirlos no en los seres extremadamente longevos que son, sino en inmortales, debido -en palabras de uno de los personajes del cómic- a que “los hombres necesitaríamos una eternidad para comprenderlos”. Es este el principal obstáculo a que, en esta aventura fechada en el Año de Gracia de 700 según el calendario Ateno, una elfa y un hombre -aquí, la hermosa Lanawyn y el guerrero Turin- sienten los pilares de una familia propiamente dicha, pues el segundo se habría hace tiempo convertido en antepasado cuando sus vástagos hubieran apenas llegado a la adolescencia élfica. Los autores del cómic sí retienen para los integrantes de la especie su condición de guardianes de los bosques que, siglos antes de que naciera el famoso ecólogo Marten Scheffer, sabían ya que no es en absoluto deseable que el deterioro de los ecosistemas alcance nunca el llamado punto de no retorno.

Este espléndido cómic ha llegado a nuestras manos coincidiendo con la periódica reactivación por la prensa y la televisión italianas de fantasmagóricas pistas sobre el destino de Emanuela Orlandi, la adolescente, hija del antesala de Juan Pablo II, desaparecida en 1981 y que tal vez, como la joven de la novela de Indridason, también “conocía cuentos locales sobre seres ocultos”. De no ser porque esta clase de desinformación es rutinariamente puesta en circulación siempre que está a punto de estallar un escándalo financiero o de pederastia que involucra al Vaticano, uno diría que Emanuela fue secuestrada por elfos u otra clase de elementales en alguna zona ciega de la frontera con el mundo sutil donde el Vaticano había alcanzado, ya por entonces, su punto de no retorno ecológico. Es práctica bien conocida y detallada por los tratadistas de los elfos, esa de llevarse humanos a su mundo, si bien en este caso parece que habría que pensar en humanos angloparlantes, con sotana y alabardas suizas antes que en los gallardos elfos silvanos armados con espadas, arcos y magia del cómic de Yermo.

Lo que está claro es que, como dice la profetisa a la elfa que va a sumergirse en las aguas en busca del cristal sagrado, “se convertirá en un alma perdida en medio de los futuros posibles” -léase: en una Emanuela Orlandi- si lo hace sin haber sido antes iniciada. Así que sólo los elfos podrían, en buena lógica, rescatar a Emanuela. ¿Ha sido publicado en Italia algún cómic sobre su enigma, la historia élfica por antonomasia de nuestro tiempo? Lo ignoro. De ser que sí, me encantaría que Yermo lo tradujera y editara aquí. ¿Será? ¡Ojalá!

Foto: José Luis Chaín

 

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