Cultura Transversal

Llaves: La escuela perennialista

LLAVES LA ESCUELA PERENNIALISTApor José Carlos Aguirre – Las sabidurías de la ebriedad atraviesan una buena parte de la cultura mediterránea y europea. La Grecia antigua y los cultos dionisiacos y mistéricos, la llamada manía platónica, la ebriedad sufí o los divinos furores del pensamiento renacentista son buen botón de muestra. Todas estas sabidurías de la ebriedad encuentran su quicio en el sesgo iniciático de esa ebriedad. Todas ellas se ordenan desde una determinada expansión del alma que abre la misma a planos de vida y de plenitud existencial que transcienden lo convencional y ordinariamente humano. Todas encontrarán su quicio en la copertenencia de contrarios –coincidentia opositorum-, en la toma de conciencia de la unidad de todo lo real y en cierta pervivencia de lo humano más allá de su propia particularidad. Estas tradiciones sapienciales entenderán la ebriedad como algo que transciende lo meramente extático de tal modo que sus bendiciones abrazaran no solo determinados estados sino la más estricta cotidianidad y la totalidad de lo humano. Advirtamos que, así considerada, la ebriedad vendría a entenderse como una expansión de la conciencia que ampararía un conocimiento más profundo de lo real.

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Vintila Horia: encuentro con los esotéricos (sic*) II

Posted in Autores, Frithjof Schuon, Libros, Sabiduría Universal, Vintila Horia by paginatransversal on 9 diciembre, 2012

FRITHJOF SCHUON

por Vintila Horia –  No es todavía la hora, y me doy un paseo entre los chalets y viñedos, bajo el sol suizo. A lo lejos, desde todas las perspectivas, se ve el Lago Leman, entre los árboles, los tejados, la neblina y el vaho del estío, como una masa gris azulada. Esto parece un rincón del Edén. Todo es orde­nado (hay un rincón rodeado de un muro bajo, con arena dentro y un tronco seco pegado al muro, y un letrero que dice: «Para perros»), pulcro, silencioso; los árboles están llenos de frutas; algún tren rapidísimo pasa de vez en cuando, cortando el silencio en rajas sabrosas, como untadas con buena mantequilla. El sitio se llama Pully y está a pocos kilómetros de Lausana. Y en aquella casita, con vistas hacia el espejo oscuro del lago, vive uno de los pensadores más agudos de nuestro tiempo, autor de un famoso ensayo titulado Sobre la unidad trascendental de las reli­giones y otros que he leído hace tiempo, en un momento de mi vida en que la clave esotérica me parecía la más valedera y profunda, la única verdaderamente satisfactoria. El contacto con René Guénon ha sido esen­cial para mí. Luego, el de Evola y Schuon.

Pero han pasado los años, yo me he dejado deslizar por la pendiente de la Ciencia, sobre todo de la física y de la filosofía de las Ciencias, y, cada vez más, me fui alejando de la fuente, para volver hoy, no sin emo­ción, a aquellas aguas clarísimas y a uno de sus mejores guardianes. Recuerdo, en mi paseo, frases y fragmentos de los libros de Frithjof Schuon, sus juicios cortantes sobre el mundo moderno, conquistado irre­mediablemente por la máquina. Sobre el pensar occidental, pecando por exceso cuantitativo también. Todas las civilizaciones, escribía en algún sitio, son decaídas, en el sentido de que todas ellas viven el fin de un ciclo, pero cada una de manera diferente: el crepúsculo oriental es pasivo, el occidental es activo. Y el mayor pecado de Oriente es que ha dejado de pensar, mientras el Occidente caído peca por pensar demasia­do, y mal. Oriente está dormido sobre sus verdades; Occidente vive, o sea, está despierto, encima de sus errores.

Luego recuerdo, mientras paseo (faltan pocos minutos ya para la hora), sus pensamientos sobre la masa y la máquina. No lejos de Ortega, Schuon cree que la masa es capaz de servir de vehículo al espíritu, pero sólo en lo que éste tiene de inesencial y sencillo. (more…)

Vintila Horia: encuentro con los esotéricos (sic*) I

Posted in Autores, Frithjof Schuon, Julius Evola, René Guénon, Titus Burckhardt, Vintila Horia by paginatransversal on 7 diciembre, 2012

VINTILA HORIA

por Vintila Horia – Lo que hemos enfocado hasta ahora, a lo largo de las páginas pre­cedentes, todo este enorme material relacionado con PSI, puede ser dividido en dos partes distintas: una fenomenología perfectamente a nuestro alcance razonador y a los instrumentos o prótesis de nuestras técnicas de laboratorio, como la telepatía, la clarividencia, el aura al­rededor de los cuerpos, visibles a través de la cámara Kirlian, la sofrolo­gía, los fenómenos relacionados con la sinestesia o posibilidad de relacio­nar estímulos sensoriales distintos (los del oído con los visuales), et­cétera, y que pueden perfectamente formar parte del objeto de estudio de la parapsicología, o sea, de algo colocado al lado de la psicología, en situación de paralelismo epistemológico. Y otra fenomenología, mucho más sutil, a la que habría que conservar el nombre de metapsíquica, situada más allá de la posibilidad de aprehensión de los sentidos hu­manos y de los aparatos de laboratorio e incluso de la pura razón, y dentro de la que se encontraría la psicofonía, el espiritismo, la levita­ción y cualquier fenómeno relacionado con la telergia o influjo directo del espíritu sobre la materia, etc.

Vuelvo sobre esta necesaria disquisición no sólo porque la con­fusión metodológica creada últimamente dentro de la parapsicología, al mezclarse unos terrenos con otros, ha sido contraproducente en lo que al mismo prestigio de esta nueva ciencia se refiere, sino porque la di­ferenciación que hemos establecido nos permitirá comprender mejor la actitud enemistosa de los esotéricos ante cualquier manifestación meta­psíquica. El mismo acercamiento que aquí realizamos, el hecho de haber situado a los esotéricos dentro de un fenómeno general llamado PSI, es considerado herético por cualquiera de los practicantes de esta antigua disciplina. Sin embargo, ninguno de ellos se ha ocupado jamás de para­psicología, en el sentido que nosotros otorgamos a esta palabra, consi­derando todo fenómeno de este tipo como puro engaño de los sentidos. Es así como René Guénon, Julius Evola, Frithjof Schuon o Titus Burckhardt los más conocidos esotéricos de nuestro siglo, rechazan cualquier manifestación espiritista o la consideran de manera completamente dis­tinta a la de los parapsicólogos. Guénon ha dedicado todo un capítulo de su libro El error espiritista a la explicación del fenómeno, y sus con­sideraciones y conclusiones son más que severas. Se trata de un «error».

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