Cultura Transversal

Llaves: La escuela perennialista

LLAVES LA ESCUELA PERENNIALISTApor José Carlos Aguirre – Las sabidurías de la ebriedad atraviesan una buena parte de la cultura mediterránea y europea. La Grecia antigua y los cultos dionisiacos y mistéricos, la llamada manía platónica, la ebriedad sufí o los divinos furores del pensamiento renacentista son buen botón de muestra. Todas estas sabidurías de la ebriedad encuentran su quicio en el sesgo iniciático de esa ebriedad. Todas ellas se ordenan desde una determinada expansión del alma que abre la misma a planos de vida y de plenitud existencial que transcienden lo convencional y ordinariamente humano. Todas encontrarán su quicio en la copertenencia de contrarios –coincidentia opositorum-, en la toma de conciencia de la unidad de todo lo real y en cierta pervivencia de lo humano más allá de su propia particularidad. Estas tradiciones sapienciales entenderán la ebriedad como algo que transciende lo meramente extático de tal modo que sus bendiciones abrazaran no solo determinados estados sino la más estricta cotidianidad y la totalidad de lo humano. Advirtamos que, así considerada, la ebriedad vendría a entenderse como una expansión de la conciencia que ampararía un conocimiento más profundo de lo real.

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Chamanismo: Rastros y ecos distantes

Posted in Byambasuren Davaa, Cine, José Carlos Aguirre, Luigi Falorni, Sabiduría Universal, Videoteca by paginatransversal on 13 diciembre, 2012

CHAMANISMO

por José Carlos Aguirre – Esta entrada, en sus diversos parágrafos, pretende ser un mero prolegómeno, un panorama disperso de rastros capaces de indicarnos qué pudiera ser eso del chamanismo. Al tiempo y en el tercer parágrafo reseñaré la magnífica película “El camello que llora” como recapitulación de tales rastros, como introducción a la sensibilidad propia de las tradiciones chamánicas y como relato en el que la promoción ritual de la salud queda postulada como uno de los ejes de la sensibilidad chamánica.

I

El chamanismo, siguiendo la pista indicada por uno de los personajes de “El camello que llora” acaso no sea más que una canción muy especial. Del mismo modo que las técnicas espirituales sufíes una respiración que se transforma en ritmo y en danza. O quizá la meditación zen una respiración que se convierte en un cristal claro y limpio que todo lo acoge. Aproximarse al chamanismo requiere un esfuerzo considerable. Nos instalamos en el alba de la humanidad; en el nacimiento del imaginario, del arte y de la simbólica; en el acontecer del ritual y su tempo como ese espacio privilegiado del que mana la vida al ordenar y servir de referente al tiempo ordinario. También nos instalamos en una naturaleza animada –la physis nos dice- como libro abierto de la vida y metáfora cifrada de la existencia humana. Dicen que las culturas chamánicas no tienen libro sagrado pero como nos recuerda Frithjof Schuon en “El sol emplumado”, su magnífica colección de ensayos sobre la tradición lakota, la naturaleza entera es su gran libro sagrado. Sus leyendas son sus códigos hermenéuticos y su fibra íntima. En los mismos, los animales y las plantas son también aspectos de lo humano y lo humano un aspecto más de la vida. De ahí que animales y plantas nos hablen y nos instruyan en fábulas, leyendas, experiencias oníricas y estados modificados de conciencia; pero, ¿nos hablan de verdad? (alguna vez lo he escuchado). ¡Qué pregunta más impropia!… (more…)

La contracultura necesaria

Posted in Autores, José Carlos Aguirre by paginatransversal on 21 febrero, 2010

por José carlos Aguirre

Reivindicar la contracultura debería tener algo de intempestivo, en su radicalidad y actualidad velada, si no fuera por esa nefanda progresía capaz de convertir cualquier disidencia en fetiche de consumo, cualquier propuesta en la más estólida y correcta pose narcisista y cualquier política en la más desesperante parodia. Dejando bien de lado el puerto de llegada de la sociedad de mercado al que parecen apuntar los progres la contracultura sería una de las expresiones de disidencia más conscientes frente a las maneras propias de vivir y pensar de este Occidente técnico y economicista. Su apuesta descansará en una penetrante toma de conciencia de la crisis del propio devenir de la cultura occidental y sus modos de vida. En la contracultura se darán cita desde la nostalgia por la tierra y el comunitarismo a una nítida aspiración por una nueva eticidad y espiritualidad no reñida con el cuerpo, la sexualidad o la materia. Si atendemos a la importante impronta estadounidense de la contracultura podremos divisar los ecos de un Thoreau, la textura espiritual que Whitman expresara en Hojas de hierba o la sensibilidad naturalista que expresan los paisajistas estadounidenses.

La contracultura emergente tenderá a ordenarse de la mano de una cierta atracción por las tradiciones orientales -ya Thoreau se había interesado por el budismo- y del acento en lo propiamente experiencial. Este acento será una respuesta a la alienación de la capacidad de experiencia en la mera teoría y en la saturación hiper-racionalista de la modernidad ilustrada. En este sentido podríamos hablar del cierto espíritu nietzschiano de la contracultura. Desde el mismo, liberar la capacidad de experiencia interceptada por una razón escindida de la misma, en tanto razón técnica y calculadora, supondrá la liberación del propio cuerpo y sus sentires. Junto a todo ello, y de la mano de la poderosa influencia de la generación beat, habrá que referirse también al culto al exceso, al descentramiento de la conciencia y al descabalgamiento del yo mediante la sexualidad o las drogas. En este sentido la contracultura vino a popularizar la percepción de los psicoactivos que consagró la beat generation. Con todo, si atendemos al interés de los más insignes beatnicks por el Zen, o por ese “ángulo de visión” que buscara Borruoghs en la ayahuasca, levantaremos acta de lo lejos que nos encontraremos respecto de los usos y costumbres del masificado y masificante mercado negro de drogas.

Las reivindicaciones sociales de la contracultura, o sus críticas al orden de cosas, tendrán como condición el marco descrito. De ahí la ruptura con lo que sería la izquierda oficial que, más allá de todo oportunismo, era completamente ajena a esta mentalidad emergente desde sus propias deudas con el pensamiento ilustrado. Estaremos pues ante la eclosión de una determinada disposición vital antes que con un perfil bien delimitado y fácilmente ubicable. Una disposición que pareciera apuntar a una culminación por saturación del nihilismo que caracteriza la cultura occidental en los últimos siglos sobre la base de esa desconexión progresiva entre cuerpo y razón. La base de la sensibilidad contracultural radicará pues en el malestar generado por el proceso de la modernidad en curso desde sus omnipresentes mecanismos de administración, control técnico de la vida y alienación de la naturaleza, naturaleza humana incluida, en el utilitarismo y los meros rendimientos. Desde los mismos sólo serán vigentes las razones de tal control y la administración de la vida, dejándose de lado las razones de cuerpos y sentires. De ahí la gran variedad de personas que pudieran, de algún modo, verse reflejadas en las inquietudes contraculturales y en sus muy diversos devenires. A partir de los mismos se expresará el calado de la propia crisis del Occidente moderno y su redefinición desde la mentalidad técnica. En virtud de tal redefinición habrían culminado su crisis la propia cultura occidental y sus referentes espirituales. Esos mismos que son capaces de nutrir de vigor y sentido las vidas de los hombres.

Emboscándose

En el reverso de las intuiciones de la contracultura encontraremos, en sintonía con lo afirmado, valiosas estrategias de resistencia al modo de vida al que nos aboca la sociedad de control contemporánea y los diversos programas de utilidad y eficiencia tecno-económica a los que nos someten. No olvidemos que estaremos ante una auténtica revuelta de singularidades y cuerpos frente a esas dinámicas de control de la vida. La contracultura anhelará pues una ruptura, constituyéndose ella misma como el laboratorio de ideas y ensayos de vida alternativa de las que pudiera surgir una cristalización a la altura. Alan Watts ( ) incidirá especialmente en lo afirmado al considerarla como el campo experimental de praxis y disposiciones básicas en las que se aventuran aquellos que se alejan de las convenciones sociales ensayando innovaciones y posibilidades de adaptación y respuesta. Para este importante referente de la contracultura, auténtico enlace entre la misma y el más serio acercamiento a Oriente -especialmente al Budismo Zen-, ese desgajarse de las convenciones sociales irá necesariamente de la mano de un acercamiento al espíritu. A esa fuente de la que manarían libertad, salud y creatividad que, desconocida, quedaría velada y desplazada por el ruido de las relaciones sociales y sus exigencias. En esto su propuesta será tremendamente afín a la figura de libertad que Ernst Jünger acuñara como estrategia de resistencia ante las dinámicas de gregarismo y control de la sociedad contemporánea( ). Me refiero a la figura del emboscado desde su apertura al espíritu, su exilio interior y su posibilidad de compromiso metapolítico.

Esta vocación de emboscadura, de colocarse en el margen de la convención social sin por ello aislarse, nos permite percibir la fibra de las mejores intuiciones políticas de la contracultura. A los horizontes espirituales descritos, auténtica fuente de su vigor, habría que añadir la ya apuntada toma de conciencia sobre la violencia estructural que padecen naturaleza, vida y cuerpos en la hipermodernidad tecnocrática que habitamos. Tal toma de conciencia acogerá modos de refinamiento en el juicio que dejarán muy atrás a esos supuestos contestarios políticos, por lo demás completamente integrados, con que el sistema satura y colma el espacio de la crítica política. La denuncia de una tecnocracia, saturada de normatividades pre-establecidas y estrategias de administración continuas, será pues el auténtico telón de fondo de muchas iniciativas contraculturales. Frente al modo de vida impuesto desde esa administración técnica de la vida, y sus criterios de organización y eficiencia, se postulará el retorno a la naturaleza, al encuentro con la materia y el anhelo de una vida ajena a las interferencias de las colosales concentraciones de poder del tiempo presente. Los ensayos de experiencias comunitarias, dejando de lado el individualismo extremo de la sociedad de mercado, estarán en la estela de lo dicho.

Si a lo propuesto añadimos el cuestionamiento de los excluyentes paradigmas de conocimiento propios de la tecnociencia, en la intuición de las epistemologias propias de los saberes espirituales, atisbaremos la inusitada radicalidad de la contracultura y la anticipación de décadas respecto de muchos procesos por venir. En palabras del teórico de la contracultura Theodore Roszak ( ): “El interés de los jóvenes por la psicología de la alienación, el misticismo oriental, los psicoactivos psicodélicos y las experiencias comunitarias comprenden, en conjunto, una constelación cultural que difiere radicalmente de los valores y concepciones fundamentales de nuestra sociedad, al menos desde la revolución científica del siglo XVIII”( ). La crítica al totalitarismo tecnocrático y a la creciente administración de vidas y existencias será pues el eje alrededor del cual girarán las sensibilidades políticas que acoja la contracultura. El propio Roszak, en tanto intérprete privilegiado de la misma nos dirá: “Es cosa de todos impedir la consolidación final de un totalitarismo tecnocrático en el que terminaríamos ingeniosamente adaptados a una existencia completamente enajenada de todo aquello que siempre ha hecho la vida del hombre una aventura interesante. Si la resistencia de la contracultura fracasa me parece que no nos queda en la recámara nada salvo lo que antiutópicos como Huxley y Orwell anunciaron. Con todo y con eso no me cabe la menor duda de que esos despotismos serán mucho más eficaces y estables de lo que estimaron sus profetas, y es que incorporarán técnicas de manipulación de la intimidad tan finas y discretas como una tela de araña. La capacidad de nuestro paraíso tecnocrático en ciernes para desnaturalizar la imaginación en la razón, el progreso y el conocimiento hará que los hombres se vean forzados a percibir sus potencialidades, enojosamente dejadas de lado, como puramente patológicas. Naturalmente aparecerán terapias humanitarias que procurarán la generosa curación de estos desarreglos”( ).

Epílogo progre

Más allá de lo dicho el juego de máscaras de la sociedad de mercado insiste en mostrarnos como fetiches para el consumo y la forja de identidades de diseño toda una serie de modos y maneras asimilables, en sus formas externas, con la contracultura y, en general, con la disidencia y la crítica. Sobre tal fenómeno habrá que advertir que nada más delirante que una supuesta marginalidad ofertada como medio de integración social y delimitada desde su propia vacuidad, la permanente proyección de sombras sobre terceros y, en definitiva, la sed de mal. Muy lejos nos encontraremos ante los epígonos de beatnicks y hippies o, ante ciertos conatos de contestatación política, con algo más que con meras posiciones de consumo o meras estrategias de socialización y adopción de identidades previamente diseñadas. Con todo, la vida emerge y arraiga en las líneas de fuga de los clonificantes modos de vida contemporáneos. De ahí la importancia de hacer valer determinadas referencias que, con toda seguridad, arraigarán en parajes bien distantes de los que cierta corrección política invita a pensar. Cartografiar y tomar conciencia la parodia realizada de sí que supone la progresía y su corrección política quizá sea una urgencia intelectual de cara a la desactivación de uno de los más poderosos instrumentos de alienación y sumisión política. Muy probablemente la amplia difusión de este tipo humano, tan deseoso de complacerse en la delimitación paródica de terceros como en su supuesta superioridad moral, no responde más que a las necesidades de perpetuación de las burocracias políticas de la vieja izquierda. Y es que sólo un tipo humano evanescente puede estar a la altura de proyectos políticos no ya sólo agotados sino comprometidos hasta su misma intimidad con las programáticas de administración de la vida de la sociedad tecno-ilustrada.

Extraído de Generación Net