Cultura Transversal

“Vivir peligrosamente”, de José Luis Ontiveros

Posted in Autores, José Luis Ontiveros, Libros, Publicaciones by paginatransversal on 26 julio, 2016

Ontiveros vivir peligrosamenteEl 19 de mayo pasado se presentó en la sede de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), en Santiago, la obra Vivir Peligrosamente, que reúne los artículos de José Luis Ontiveros (+), publicados en la revista Ciudad de los Césares.

Ontiveros fue autor de obras como La treta de los signos, Cíbola, La maldita obediencia del doctor, El hotel de las cuatro estaciones, El húsar negro, Apología de la barbarie, Rubén Salazar Mallén, subversión en el subsuelo, Carta a un marxista decepcionado, La espada y la gangrena, Conquista del poder y metapolítica, Robinsón literario

Fuente: Ciudad de los Césares.

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Novedad editorial: José Luis Ontiveros, “Pierre Drieu La Rochelle, el legionario de las letras”

Posted in Autores, Drieu La Rochelle, José Luis Ontiveros, Literatura by paginatransversal on 29 julio, 2015

ONTIVEROS PIERRE DRIEU LA ROCHELLE EL LEGIONARIO DE LAS LETRASPierre Drieu la Rochelle, el legionario de las letras,
de José Luis Ontiveros
1ª edición, Tarragona, 2015
21×15 cms., 120 págs.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.
PVP: 14 euros

Orientaciones

“En esta obra ejercita -Ontiveros- aquello que Pound definió como una cualidad esencial de la literatura: ‘La concentración del significado’, saber concentrar en unas páginas el significado de una obra enorme. Sin perder el sentido literario y sin hundirse en un pantano de miles de páginas.
Ontiveros ‘siente’ a Drieu, le toca el alma como me decía él mismo, en realidad al leerlo, se lee él mismo.
Le han llamado también ‘fascista’, y algunos fascistas, de esos que no entienden nada, le llaman antifascista o anarquista, y es que en realidad el ser más o menos ‘fascista’ debe ser consecuencia de la literatu­ra y persona, no al revés, o sea, no por ser fascista debe ser admirado uno como escritor, que es lo que pasa con algunos ‘fachas’ que solo admiran a los de ‘su’ línea política, y les pasa aun más a casi todos los disidentes actuales, que solo ensalzan a los que se arrodillan ante el ‘Pensamiento Único’.
Dejo pues al lector con una obra literaria, hay que leerla como tal, dis­frutando tanto de los datos como de la poesía del lenguaje.”

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Guénon y Drieu

DRIEU GUENONpor José Luis Ontiveros – Hay un reclamo persistente en Drieu: “Voces falsarias y hueras me han acusado de que mi posición surge de un adaptarme a las formas políticas que se proyectan como victoriosas, en este momento de la guerra y que serían las dominantes en el futuro, todo ello es falso”

“Las guerras —prosigue— como la vida fluyen y cambian su rumbo, nada es seguro, no se percibe el sentido oculto de mi actitud; cada vez soy más escéptico en cuanto Alemania aliente el futuro o si la barbarie rusa, creadora de instintos poderosos lo perfile”.

Estas palabras epifánicas de sus escritos depositados en el México profundo y vestigial hacen una clara referencia en clave a la influencia determinante —en Drieu— de las reflexiones sobre la Tradición primordial, la historia de los símbolos de las religiones y su confluencia sagrada que marcan la obra de René Guénon, en particular de su libro axial La crisis del mundo moderno, que tiene como corolario El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, el primero publicado en 1927, y el segundo, en el fatídico año de 1945.

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José Luis Ontiveros, in memóriam

Posted in Autores, José Luis Ontiveros by paginatransversal on 28 mayo, 2015

JOSE LUIS ONTIVEROS IN MEMORIAM

Ha muerto el escritor mexicano José Luis Ontiveros. Además de tener el honor de conocerlo personalmente, tanto la Página Transversal como Cultura Transversal tuvieron el privilegio de recibir y publicar algunos de sus artículos y entrevistas. Autor de obras como La treta de los signos, Cíbola, La maldita obediencia del doctor, El hotel de las cuatro estaciones, El húsar negro, Apología de la barbarie, Rubén Salazar Mallén, subversión en el subsuelo, Carta a un marxista decepcionado, La espada y la gangrena, Conquista del poder y metapolítica, Robinsón literario… José Luis Ontiveros nació en la ciudad de Córdoba (Veracruz,México), el 28 de diciembre de 1954. Estudió lengua y literaturas hispánicas en la FFyL de la UNAM y el posgrado en periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido académico de la FFyL de la UNAM y de la Universidad Panamericana; jefe de publicaciones de la Universidad Anáhuac. Colaborador, entre otras, de Casa del Tiempo, Cuestión de Fondo, El Sol de México, Excélsior, Novedades, Punto y Coma, Revista Graal, Ciudad de los Césares, DisidenciaS, El Corazón del Bosque, El Espía Digital, Revista de la UAM, Revista Universidad de México, y Unomásuno. Premio Nacional de Cuento Juan Vicente Melo 1991.

Descanse en paz el maestro Ontiveros. Que Dios lo acoja en su Gloria.

Entrevista a José Luis Ontiveros: “Los escritores verdaderos tenemos una revuelta constante contra el dominio usurocrático en la literatura”.

Entrevista al escritor mexicano José Luis Ontiveros

• “(En la hegemonía cultural imperante) la forma de combatir es la espada y la palabra”.
• “Este es el sentido que le da a la palabra un Ezra Pound, un Hölderlin”.
• “(Los escritores verdaderos) tenemos una revuelta constante contra el dominio usurocrático en la literatura”.
• “Los grandes escritores deciden subterráneamente desde sus guardillas el destino de su pueblo”.
• “El verdadero escritor no se basa más que en su propia escritura, en su propio Ser. Su relación con la política es puramente accidental y la trasciende”.

Fuente: Controversia TV.

Entrevista a José Luis Ontiveros: “Los escritores verdaderos tenemos una revuelta constante contra el dominio usurocrático en la literatura”.

Posted in Autores, José Luis Ontiveros, Literatura, Videoteca by paginatransversal on 4 enero, 2014

Entrevista al escritor mexicano José Luis Ontiveros

• “(En la hegemonía cultural imperante) la forma de combatir es la espada y la palabra”.
• “Este es el sentido que le da a la palabra un Ezra Pound, un Hölderlin”.
• “(Los escritores verdaderos) tenemos una revuelta constante contra el dominio usurocrático en la literatura”.
• “Los grandes escritores deciden subterráneamente desde sus guardillas el destino de su pueblo”.
• “El verdadero escritor no se basa más que en su propia escritura, en su propio Ser. Su relación con la política es puramente accidental y la trasciende”.

Fuente: Controversia TV.

Ser disidente y la lucha cultural. José Luis Ontiveros entrevista a Juan Pablo Vitali

Posted in Autores, José Luis Ontiveros, Juan Pablo Vitali, Literatura, Poesía by paginatransversal on 15 octubre, 2013
JUAN PABLO VITALI JOSE LUIS ONTIVEROS

por José Luis Ontiveros – Buenos Aires. En los diversos registros sobre la literatura argentina, y de la Región Austral, se hace notar -en entrevista para “Vértigo- la voz rebelde y precisa  del escritor  argentino Juan Pablo Vitali,  quien siendo un “outsider ” se atreve a trazar un decaimiento de su empuje creativo, remarcando la influencia europeísta, en un proyecto de peculiar criollismo opuesto a la raíz cosmopolita de Sarmiento  y afirmando una visión original  e inimitable de Argentina. Estima, así, que sólo por la asistencia espiritual de pueblos iberoamericanos Argentina entenderá a Borges y a Perón.

Esta es una visión polémica, discrepante y muy propia de los que sustentamos el derecho a la diferencia. Vitali denuncia el establecimiento del mandarinato decentístico, sus oprobios y lo tornadizo de su código de honor literario refieriéndose al oprobio que se cernió sobre la figura del escritor fascista Drieu La Rochelle. Militante de larga trayectoria en el justicialismo, crítico agudo. Autor del poemario Ser disidente publicado en España traducido en varias lenguas. Tiene en preparación otros dos libros. Un cruce de corrientes contra lo que se acostumbra.

José Luis Ontiveros – ¿Cuál ha sido su trayectoria literaria y sus símbolos de identidad?

Juan Pablo Vitali – No tengo en rigor lo que se llama una trayectoria literaria. La literatura como todo tiene sus circuitos y yo estoy fuera de todos ellos. Escribo –como decía Nietzsche- para todos y para nadie. La red con sus desventajas me ha posibilitado cierta difusión sobre todo en España, donde me han publicado un libro y espero salga otro.

Respecto a los símbolos de identidad, creo que son ellos los que escriben por mí: aquellos hombres y mujeres de mi niñez y su mágico mundo. Algunos criollos viejos (como mi bisabuela) pero sobre todo la inmigración europea que construyó este país del Sur por completo, de la nada, le pese a quien le pese. Gente con sus historias increíbles y su fuerte presencia nostálgica. Gente de los rincones más olvidados y sufridos de la vieja Europa: campesinos, intelectuales, héroes de guerra, perseguidos políticos, hambreados por las guerras y por el sistema económico. Argentina fue el centro, un corazón donde latían todos los exilios, donde se podía encontrar un templo griego o una obra arquitectónica futurista.. Todo eso está en claro proceso de extinción y sólo espero a veces poder escribirlo, como un tango.

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Revista digital “Elementos” nº 55: Ezra Pound. Locura contra la usura

Posted in Ezra Pound, José Luis Ontiveros, Literatura, Poesía, Publicaciones, Vintila Horia by paginatransversal on 23 septiembre, 2013

Elementos nº 55 EZRA POUND

Ezra Pound. Reseña biográfica, por Denes Martos

Ezra Pound, un poeta del siglo XX, por Richard Avedon

Ezra Pound: los cantos y la usura, por José Luis Ontiveros

Ezra Pound. La voz de Europa, por Joaquín Bochaca

Ezra Pound: santo laico, poeta loco, por Manuel Vicent

La radicalidad poética de Ezra Pound, por Mariano Antolin Rato

Ezra Pound, en sus ideas difíciles, por Manuel Domingo y José Manuel Infiesta

Espacio y Tiempo en Pound, por Vintila Horia

Goces subterráneos: Ezra Pound y la poiesis ambigua de la imagen, por Kathryn Stergiopoulos

Ezra Pound y la crítica, por José Luis Ontiveros

Ezra Pound: Vanguardia y Fascismo, por Nicolás González Varela

Ezra Pound, filósofo de taberna, por Samuel Putnam

Ezra Pound y el Bel Esprit, por Ernest Hemingway

Ezra Pound y Neruda, por José Miguel Ibáñez Langlois

Pound: la música de las palabras, por Héctor Alvarez Castillo

Sobre un poema de Ezra Pound, por Mariano Pérez Carrasco

Apuntes sobre Pound y el fascismo, por Claudio Quarantotto

Ezra Pound, la última entrevista, por Grazia Livi

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Fuente: Elementos. Revista de Metapolítica para una Civilización Europea

Martín Fierro en política y el siglo XXI

Posted in Autores, Historia, José Luis Ontiveros, Juan Manuel Garayalde, Literatura by paginatransversal on 14 septiembre, 2013
JUAN MANUEL GARAYALDE JOSE LUIS ONTIVEROS

por José Luis Ontiveros -El joven intelectual argentino Juan Manuel Garayalde afirma una serie interesante de puntos de vista acerca del mítico Martín Fierro en una entrevista para Vértigo, más desde un punto de vista metapolítico y de antropología cultural sobre la obra escrita por José Hernández en 1872, que cobra actualidad en el debate sobre las raíces identitarias argentinas y el siglo XXI.

Garayalde, experto en el estudio de las religiones y quien terminó adhiriendo la tradición católica ortodoxa, estudioso del inconsciente colectivo, de la mitología popular y de la simbología sagrada, asegura que la obra aborda la identidad profunda opuesta a la abstracción iluminista, así como la raíz barbárica de las pampas y del modo original de comprender el mundo.

Al mismo tiempo, cuestiona el pretendido ser modélico y político de un Occidente decadente y absorbente en sus antivalores: Martín Fierro es el primer anarca de Iberoamérica.

José Luis Ontiveros – ¿Sigue siendo vigente el Martín Fierro como el cantar de gesta argentino?

Juan Manuel Garayalde – Sí. El Martin Fierro es la obra cumbre de la argentinidad. Representa un rechazo a la modernidad. El periodo histórico tratado en la obra se puede localizar cuando el liberalismo político se consolidó en Argentina. Un símbolo de ese “progreso” es el alambrado, que viene acompañado de la “propiedad privada”, con la consecuencia de que enormes extensiones de campos quedan en pocas manos y cerradas al paso del gaucho nómada. Su techo es el cielo, su piso es la inmensidad de la Pampa. Viaja de pueblo a pueblo, de estancia a estancia, deteniéndose en las pulperías de campo (el viejo almacén de ramos generales y boliche para el gauchaje). Trabaja en diferentes estancias, según si hay algo para cosechar o ganado al cual criar o cuerear. Al poner los alambrados ya no se puede andar libremente, el gaucho errante pasa a ser un outsider, un paria de la “civilización”. La policía los perseguía por “vagabundear” y luego los enviaban a los fortines militares, enclenques construcciones donde escaseaban la comida, el agua y el trato humano, para defender a la “civilización” de los malones indígenas.

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Tolkien: El lenguaje y la aventura

Posted in J. R. R. Tolkien, José Luis Ontiveros, Literatura by paginatransversal on 8 febrero, 2013

JRR TOLKIEN

por José Luis Ontiveros – Parece como si Tolkien tuviera en el lenguaje la intimidad del alma. Así, sus personajes más siniestros (los trasgos, los trolls, Gollum) tienen voces siniestras y sus héroes primordiales (los Elfos) fueron los creadores del lenguaje. Pero también hay una contraposición entre la lengua de la urbe, degenerada y tosca, y la lengua del bosque, clara y luminosa. Esta clave lingüistica de Tolkien revela un aspecto más de su obra: la lucha entre la espada y la ciénaga.

El renacer de las sagas

Cuando fue arrojada la fantasía a los fondos del inconsciente por la soberbia intelectual de un siglo escéptico, emergió un cultivador de sagas y de mitos. Frente al discurso ideologizado, que califica la realidad y la ordena en sistemas, los elfos del bosque pulieron sus espadas y los malvados trasgos buscaron un túnel lóbrego donde ocultarse. J.R.R. Tolkien es el autor de una nueva mitología artúrica y de un renacer de los símbolos de las sagas bretonas y sajonas en un ciclo narrativo. Tolkien es el escritor que se niega a describir los “barrotes de la cárcel” de la realidad, y que la trastoca para encontrar el nudo entre el cielo y la tierra. En él se encuentra exorcizado el salvaje que imaginaba De Maistre como una regresión opuesta a la nobleza original, como un retorno no de la tradición sino de la brutalidad. El filólogo, que construyó su nido-hobbit en Oxford, logró salvar por la imaginación su vida ordinaria y monótona de profesor. En el sentido de la creación fue distinto al “profesor declamador” que describe Nietzche.

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La locura de Céline

Posted in Autores, Censura y Libertad, José Luis Ontiveros, Literatura, Louis Ferdinand Céline by paginatransversal on 10 febrero, 2011

Por José Luis Ontiveros

¡Nadie puede tolerarlo más!…¡es Usted lo peor del mundo!…¡No le ha bastado con destruir el estilo literario de los salones!…¡Ese que nos permitía entregar premios y hacer reconocimientos!…¿Por qué ha huido del nido de amor que le ofrecían en Dinamarca!…¡Ya había deshonrado todas las banderas!…¡Ni en el anarquismo tiene ya cabida!… ¡Canalla Céline puede irse a bailar polka con los esquimales!…¿Acaso es Usted un escritor o un malviviente? Considerando todo lo cuidadoso que son los escritores para consumar infamias. ¡Qué acaba Usted de hacer! ¡Explíquese!

En realidad soy un proscrito. He sido marcado en todas las listas, los comunistas me pusieron en lugar privilegiado pero regresé de la URSS y no pude más que escribir Mea Culpa y ello me trajo su condena, fui juzgado y fichado, no importa que Trotsky se muriera por mi estilo, los pioletazos terminan con alterar el sentido crítico. Resulta muy reconfortante que Trotsky que fue un asesino con mayúscula, ahora sea agasajado como filántropo, las ruindades del Ejército Rojo, dónde quedaron, ¿y sus meticulosas masacres? ¡Y esa forma de aniquilar a los Romanoff! Todo ello es basura. Y el único criminal soy yo, está bien, ¡lo admito! Y hasta puedo cantar. Mas los fascistas creyeron que iba andar a paso romano y con la Giovinneza, es más pensaron que pronto haría una lírica para Horst Wessel, que mi arte enloquecido iba a rendir cuentas… que ya me iba a portar bien… Y nada… Volví a las andadas…Me zafé de swásticas y critiqué al propio Führer, eso lo hice de gratis, nadie me lo pidió…¡no lo hice comprado por los masones ni por los católicos…En pleno juicio, un poco de fiebre y mire Usted las páginas de Rigodón.

Hay que tener cuidado

Pare ya, ¡deténgase!… provoca en todos nosotros asco moral y estamos en mayoría, nadie lo apoya, se le ve con desconfianza, es usted un facho de closet. Fascista y más que fascista un verdadero monstruo. Vamos a revisar todo lo que ha escrito y lo que imaginó también ¡todo! No podrá escapar de sí mismo. Céline se alzó de pronto, no tenía ganas de escapar, recogió con cuidado su pluma Sheaffer e hizo una mueca al respetable. Sí un gesto obsceno e hiriente. Parecía hablar para sí mismo. Idiotas y pequeñas bestiezuelas. Nada podrán contra mi obra inmortal. Sobrevivirá a Notre Dame y al Arco, a las reliquias de Juana, a las tristezas de las hojas muertas. Céline siguió hablando, disparates y maldiciones. De seguir así morirá en nuestro manicomio dijo el loco mayor. Y los demás locos con sus sombreros de Napoleón y sus gorros frigios, babeantes y alegres, ensimismados en su triunfo, literatos consumados y moralistas con un trompetillero, cantaron de pronto La Marsellesa. Era una cacería extraordinaria, al fin se habían hecho de un canalla en plenitud, tan sólo habían capturado viejitos que se perdían de sus casas, al fin, sus locuras habían alcanzado la pompa y nada mejor que haber logrado aprehender a Céline. Vamos a jugar al trenecito dijo uno de los locos más cuerdo y se escuchó el ruido de la máquina con fú fú fú y un puro a manera de penacho humeante. En realidad, Céline había escapado a los controles de la policía del pensamiento y se había sumado a los locos, Pound había sido metido en el manicomio y se veía difícil que lo soltaran al fin lo hicieron, lo tuvieron con su camisa de fuerza y con reflectores para que no pudiese dormir. Céline había adelantado la parodia y así logró escapar del manicomio democrático que es el mayor centro de reclusión mundial de locos pasteurizados. Mas no hay que olvidar la lección: hay que tener cuidado al hablar en público.

Extraído de: Tribuna de Europa

Ernst Jünger: yo soy la acción

Posted in Autores, Ernst Jünger, José Luis Ontiveros by paginatransversal on 5 agosto, 2010

por José Luis Ontiveros

En torno a la obra del escritor alemán Ernst Jünger se ha producido una polémica semejante a la que preocupó a los teólogos españoles en relación con la existencia del alma de los indios. De alguna manera, el hecho de que se le haya discutido en medios intelectuales mundiales con asiduidad, y el que una nueva política literaria tienda a revalorizarlo, le otorga, como lo hizo a los naturales el Papa Paulo III, la posibilidad de una lectura conversa; ya no traumatizada por su historia maldita, absolutoria de su derecho a la diferencia, y exoneradora de un pasado marcado por la gloria y la inmundicia.

La polémica sobre Jünger que en medio de lamentaciones previsorias sobre su “ceguera histórica” ha reconocido la posibilidad de que también poseía un alma personal, se ha mantenido, sin embargo, en los límites del conocimiento de su obra.

Pareciera que profundizar en Jünger puede indicar de alguna manera una proclividad secreta, una oscura complicidad con este peligroso ”junker”, intelectual orgánico de los desarraigados, al que se suele evocar como el cazador y animal de presa, que en la adolescencia se enrola en la Legión Extranjera francesa, testimonio que deja en Juegos Africanos; se le presenta como situado ”de pronto a la sombra de las espadas” (1), y esta exaltación hecha tipología se presenta como el truco con que se evade el contenido de su obra. Por ello debe partirse de un principio: Jünger sigue siendo el mismo, es un réprobo permanente y resuelto, una conciencia erguida y soberana: “yo siempre he tenido las mismas ideas, sólo que la perspectiva ha cambiado con los años” (2). En Jünger hay una sola línea ascendente, un impulso de creación unívoco que arranca en 1920 con Tempestades de Acero, se afirma en Juegos Africanos, obra intermedia, que precede a En los acantilados de mármol (1939), Heliópolis (1940), y Eumeswil (1977).

Resulta entonces necesario para llegar a Heliópolis y a un acercamiento a su comprensión, hacer referencia a un problema histórico. Jünger en la línea de Saint-Exupéry y de Henry de Montherlant ama la acción como el supremo valor de la vida: no existe una renuncia a las pompas del mal, a los frutos concretos de la acción. Hay, al contrario, a lo largo de su obra, un reflejo centelleante que nace de la negación deliberada de la bondad; un aliento nietzscheano de que ”no encontraremos nada grande que no lleve consigo un gran crimen”. Por ello es que debe ahorrarse la gratuidad de perdonarlo, de ver en Jünger al intelectual víctima de sus demonios. De esta forma si Jünger ha padecido un Núremberg simbólico, la actitud rectora de su creación ha permanecido firme sobre la marejada, sobre los prejuicios políticos y aún sobre la ”conmiseración” que nunca ha necesitado. No hay en su obra, como producto de la derrota de Alemania en la II Guerra Mundial, una disociación de un antes y un después; una versión suavizada del mal, que habría retrocedido de su estado agudo a su estado moderado.

Por ello, si su texto La Guerra, nuestra madre escrito en 1934 ha recorrido una suerte semejante a Bagatelas para una masacre de Louis Ferdinand Céline, en el sentido de que ambos son unánimemente ”condenados” y prácticamente inencontrables a excepción de fragmentos; el joven escritor alemán, que afirmaba que: ” la voluptuosidad de la sangre flota por encima de la guerra como una vela roja sobre una galera sombría” (3), es el mismo que canta el poder de la sangre, treinta y un años después de cieno, fuego y derrota: ”los gigantescos cristales tienen forma de lanzas y cuchillos, como espadas de colores grises y violetas, cuyos filos se han templado en el ardiente soplo de fuego de fraguas cósmicas” (4).

El nuevo intelectual

El viejo ”junker”, ha nacido como hijo de la burguesía industrial tradicional, en Heidelberg, el 29 de marzo de 1895, ha permanecido a sus 93 años de edad como un fiel artesano de sus sueños, un celoso guardián de sus obsesiones, un claro partidario de la acción. Por otra parte, se presenta el problema histórico. Jünger, herido siete veces en la I Guerra Mundial, portador de la Cruz de Hierro de primera clase y de la condecoración “Pour le Mérite” (la más alta del Ejército Alemán); miembro juvenil de los “cascos de acero” y de los ”bolcheviques nacionales”; y ayudante del gobernador militar de París durante la ocupación alemana, es un nuevo intelectual, que rompe con el molde tradicional que tiene de la función intelectual la Ilustración y la cultura burguesa. En cierta medida corresponde a los atributos que describe Gramsci del “nuevo” intelectual: “el modo de ser del nuevo intelectual ya no puede consistir en la elocuencia motora, exterior y momentánea, de los efectos y de las pasiones, sino que el intelectual aparece insertado activamente en la vida práctica, como constructor, organizador, persuasivo permanentemente” (5). En este sentido Jünger va más allá de la “elocuencia motora”, de la relación productiva y mecánica de una condición económica precisa.

Puede decirse entonces que si bien Jünger tiene atributos de “junker” prusiano, teniendo parentesco con la ”casta sacerdotal militar que tiene un monopolio casi total de las funciones directivas organizativas de la sociedad política” (6), esta relación funcional y productiva está rota en el caos, en el nihilismo y la decepción que acompañan a la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial. Jünger, que quizá en la época guillermina del orgulloso II Reich, hubiera podido reproducir las características de su clase, se encuentra libre de todo orden social como un intelectual del desarraigo, de la tribu de los nómadas en el poderoso grupo disperso de los solitarios que han luchado en las trincheras.

Detengámonos en el análisis de este estado espiritual y de esta circunstancia histórica, cuya trascendencia se manifiesta en toda su narrativa, especialmente en el carácter unitario de su obra y en su posición ideológica, lo que a su vez nos permitirá comprender la clave de una de sus novelas más significativas del período de la última postguerra: Heliópolis, cuyos nervios se hallan ya entre el tumulto que sobrecoge al joven Jünger, como un brillante fruto de la acción interna que sujetará su espíritu.

Así podremos apreciar cabalmente a este autor central de la literatura alemana del siglo XX, para determinar cuál es el rostro que se ha cincelado, en la multiplicidad de espectros que lo reflejan con caras distintas. ¿Acaso es Jünger, como quiere Erich Kahler, al que “incumbe la mayor responsabilidad por haber preparado a la juventud alemana para el estado nazi, aunque él mismo nunca haya profesado el nazismo?” (7). ¿Se trata del escéptico autor de la ”dystopía” o utopía congelada que se expresa en su relato Eumeswil? ¿Quién es entonces este contardictorio anarquista autoritario?

La trilogía del desarraigo

Podemos intentar responder con un juego de conceptos en los que se articulase su radiografía espiritual, con su naturaleza compleja y una historia convulsionada y devoradora. Esta visión nos dará un Jünger revelado en una trilogía: se trata del demiurgo del mito de la sangre, del cantor del complejo de inferioridad nihilista de la cultura alemana, del emisario del dominio del hombre faústico y guerrero. Sólo así podremos entender cómo Jünger pudo dirigir desde “fuera de sí” un pelotón de fusilamiento, certificar la estética del dolor con una “segunda conciencia más fría” o experimentar los viajes místicos del LSD o de la mezcalina. Requerimos verlo en su dimensión auténtica: la del “condottiero” que huye hacia delante en un mundo ruinoso.

Memorias de un condottiero

La aventura de Jünger cobra el símbolo de una organicidad rotunda enla relación social del intelectual con la producción de una clase concreta; se trata fundamentalmente de una personalidad que de alguna manera expresa Drieu la Rochelle: ”(es) el hombre de mano comunista, el hombre de las ciudades, neurasténico, excitado por el ejemplo de los fascios italianos, así como por el de los mercenarios de las guerras chinas, de los soldados de la Legión Extranjera” (8). Se verdadera patria son las llamas, la tensión del combate, la experiencia de la guerra. Su conformación íntima se encuentra manifestada en otro de aquellos que vivieron ”la encarnación de una civilización en sus últimas etapas de decadencia y disolución”, así dice Ernst Von Salomon en Los proscritos: ”sufríamos al sentir que en medio del torbellino y pese a todos los acontecimientos, las fatalidades, la verdad y la realidad siempre estaban ausentes” (9). Es este el territorio en que Jünger preparará la red invisible de su obra, recogiendo las brasas, los escombros, las banderas rotas. Cuando todo en Alemania se tambalea: se cimbran los valores humanitarios y cristianos, la burguesía se declara en bancarrota y los espartaquistas establecen la efímera República de Münich, aparecen los elementos vitales de su escritura, que atesorará como una trinchera imbatible heredera del limo, con la llave precisa que abrirá las puertas de la putrefacción a la literatura.

Es la época en que Jünger, interpretando la crisis existencial de una generación que ha pretendido disolver todos sus vínculos con el mundo moribundo, toma conciencia de sí con un poder vital que no quiere tener nada que deber al exterior, que se exige como destino: ”nosotros no queremos lo útil, práctico y agradable sino lo que es necesario y que el destino nos obliga a desear”. Participa entonces en las violentas jornadas de los ”cascos de acero”. Sin embargo, pese a ser un colaborador radical del suplemento Die Standart, ógano de los ”Stahlhelm”, se mantendrá siempre con una altiva distancia del poder. Llegará a compartir páginas incendiarias en la revista Arminius con el por entonces joven doctor en letras y ”bolchevique nacional” Joseph Goebels y con el extraño arquitecto de la Estonia germana, Alfred Rosenberg.

Cuando Jünger escribe en 1939 En los acantilados de mármol (que se ha interpretado como una alegoría contra el orden nacionalsocialista), han pasado los días ácratas en que ”los que volvían de las trincheras, en las que por largos años habían vivido sometidos al fuego y a la muerte, no podían volver a las escuálidas vivencias del comprar y el vender de una sociedad mercantilista” (10). Ahora una parte considerable de los excombatientes se ha sumado a una revolución triunfante, en que la victoria es demasiado tangible. Jünger decide separarse en el momento del éxito. Hay un brillo superlativo, una atmósfera de saciedad, una escalera ideológica para arribar a la prosperidad de un nuevo orden.

En el momento en que Jünger ha decidido replegarse, abandonar el signo de los tiempos, batirse a contracorriente, encuentra, una vez más, la salida frente a la organización del poder en la permanente rebeldía y en la conciencia crítica. Mas esta fuga no es una deserción: hasta el crepúsculo wagneriano sigue vistiendo el uniforme alemán. Su revuelta se manifiesta en la creencia en las ”situaciones privilegiadas”, es decir, en los instantes en que la vida entera cobra sentido mediante un acto definitivo. Resuelve así, en la rápida decisión que impone la guerra, retornar a una selva negra personal con la desnudez irrenunciable de sus cicatrices, aislado del establecimiento y de la estructura del poder.

El color rojo, emblema del ”condottiero”, baño de fuego sobre la bandera de combate se ha vuelto, finalmente, equívoco: ”la sustancia de la revuelta y de los incendios se transformaba con facilidad en púrpura, se exaltaba en ella” (11); Jünger, mirando las olas de la historia restallar sobre los acantilados de mármol, asistiendo al naufragio de la historia alemana, desolado en el retiro de las letras, exalta en la acción la única emergencia que no se descompone, ”el juego soberbio y sangriento que deleita a los dioses”.

El tambor de hojalata

Hemos mencionado que una parte significativa del materail de sueños que forma su novela Heliópolis, se encuentra en el poderoso torrente de la aventura en que Jünger se desenvuelve desde sus años juveniles. En realidad, de sus dos grandes novelas de la última postguerra, quizá Heliópolis sea más profundamente Jüngeriana que Eumeswil en el sentido en que su universo estámás nítidamente plasmado, de que no existe el ”pathos” de una mala conciencia parasitaria, y de que, a diferencia del usufructo de la fácil politización en que la literatura se manipula como una parábola social o histórica , retine un poder metapolítico, esto es, un orbe estético que se explica a sí mismo, que se sustenta como un valor para sí.

No está de más subrayar que, independientemente de la opinión de una gran parte de la crítica sobre En los acantilados de mármol y sobre Eumeswil como un mensaje críptico antihitleriano, la primera, y como una denuncia contra el totalitarismo, la segunda, su interés real sobrepasa la circunstancia política, concediendo que ésta haya sido la intención del autor. Intencionalidad difícil de mantener en un análisis que busque la esencialidad de Jünger, por encima del escándalo y del criterio convencional.

Heliópolis reconquista la tensión narrativa, el libre empleo de una simbología anagógica, el espacio de expresión que se ha purificado de lo inmediato y de las presiones externas del quehacer literario. Ello quizá se explique por razones propiamente literarias y en este caso también históricas. Usamos la palabra ”reconquista” como aquella que designa un esfuerzo que surge de la derrota, que se elava sobre la postración, que recupera el valor existencial de la experiencia.

De alguna manera, y luego de un sordo y pertinaz silenciamiento, el universo de Jünger ha recobrado su sentido original, su autónomo impulso poético. Más allá de la tramposa equivalencia entre sus imágenes y una determinada concepción de la realidad. Si bien ha manifestado ya “que no existe ninguna fortaleza sobre la tierra en cuya piedra fundamental no esté grabada la aniquilación”, trátese de un mito, de un movimiento social o de una organización del poder. Heliópolis encarna la idea de que si los edificios se alzan sobre sus ruinas, ”también el espíritu se eleva por encima de todos los torbellinos, también por encima de la destrucción” (12).

Esta es, entonces, una de las características fundamentales de la novela: el tiempo histórico siguiendo su cauce se ha absorbido. Lo ocurrido (su propia participación en la historia alemana contemporánea) se ha filtrado entre las simas de los heleros como un agua nueva e incontaminada. Su escritura se ha librado del lastre y ha retomado un vuelo límpido, en el que narra la épica y eclipse de La ciudad del Sol, como la crónica del reino de Campanella, más distinta a la construcción intelectual de la utopía. Hallamos en Heliópolis nuevamente al Jünger de siempre, al artista independiente, que ha sepultado con el relámpago de su lenguaje, las bajas nubes sombrías del rapsoda de la eficacia militar y despiadada.

Notas y bibliografía

1.- Michael Tournier, Ernst Jünger Libreta Universitaria nº 58 UNAM, Acatlán, 1984.
2.- Nigel Jones, Una visita a Ernst Jünger, La Gaceta del FCE nº 165.
3.- Roger Caillois, La cuesta de la guerra, Tres fragmentos de la Guerra Nuestra Madre, Ed. FCE breviarios nº 277, México.
4.- Ernst Jünger, Heliópolis, Ed. Seix Barral, Barcelona.
5.- Antonio Gramsci, Los intelectuales y la organización de la cultura, Jaun pablos Edr. México.
6.- Antonio Gramsci. Obra cit.
7.- Erich Kahler, Los alemanes Ed. FCE breviarios nº 165, México.
8.- Pierre Drieu La Rochelle, Notas para comprender el siglo.
9.- Ernst Von Salomon, Los proscritos Ed. L. De Caralt, Barcelona.
10.- Carlos Caballero, Los Fascismos desconocidos, Ed. Huguin.
11.- Ernst Jünger. Obra cit.
12.- Idem.
(Texto publicado en la revista Fundamentos para una Nueva Cultura N° 11, Madrid, 1988.)