Cultura Transversal

Guénon y Drieu

DRIEU GUENONpor José Luis Ontiveros – Hay un reclamo persistente en Drieu: “Voces falsarias y hueras me han acusado de que mi posición surge de un adaptarme a las formas políticas que se proyectan como victoriosas, en este momento de la guerra y que serían las dominantes en el futuro, todo ello es falso”

“Las guerras —prosigue— como la vida fluyen y cambian su rumbo, nada es seguro, no se percibe el sentido oculto de mi actitud; cada vez soy más escéptico en cuanto Alemania aliente el futuro o si la barbarie rusa, creadora de instintos poderosos lo perfile”.

Estas palabras epifánicas de sus escritos depositados en el México profundo y vestigial hacen una clara referencia en clave a la influencia determinante —en Drieu— de las reflexiones sobre la Tradición primordial, la historia de los símbolos de las religiones y su confluencia sagrada que marcan la obra de René Guénon, en particular de su libro axial La crisis del mundo moderno, que tiene como corolario El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, el primero publicado en 1927, y el segundo, en el fatídico año de 1945.

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Guénon en la Argentina

Posted in Autores, René Guénon, Sabiduría Universal by paginatransversal on 8 mayo, 2015

por A. Caturelli – a) Tradición y presencia de René Guénon.

Las constantes de toda la vida de Martínez Espinosa -tradición y restauración de la vida espiritual- siempre estuvieron referidas a lo que la Teología católica denomina Tradición como una de las dos fuentes de la Revelación; pero, simultáneamente, implicaba también una ampliación del concepto de tradición por referencia a aquellos valores y principios eternos, ya de Occidente, ya de otras culturas, que son patrimonio del hombre en cuanto tal. Para comprenderle adecuadamente, es menester ahondar en el primer aspecto, y considerar la apasionada lectura de las obras de Guénon, que sirvieron para alimentar el segundo aspecto. En cuanto a lo primero, para Martínez Espinosa, toda verdadera cultura es presidida por principios sagrados como “la gran tradición hermenéutica cristiana” (20), simbólicamente expresada por los Padres orientales (Clemente Alejandrino, Orígenes). En cuanto a lo segundo, la existencia de una tradición más amplia, condujo a Martínez Espinosa a un creciente interés por el pensamiento oriental. La lectura de las obras de Guénon Introduction genérale a l’étude des doctrines hindoues (1921) y Orient et Occident (1924) debe haber abierto su interés por la especulación metafísica de la India; pero también deseaba conocer la cultura de la China y del Islam. (more…)

Llaves: La escuela perennialista

LLAVES LA ESCUELA PERENNIALISTApor José Carlos Aguirre – Las sabidurías de la ebriedad atraviesan una buena parte de la cultura mediterránea y europea. La Grecia antigua y los cultos dionisiacos y mistéricos, la llamada manía platónica, la ebriedad sufí o los divinos furores del pensamiento renacentista son buen botón de muestra. Todas estas sabidurías de la ebriedad encuentran su quicio en el sesgo iniciático de esa ebriedad. Todas ellas se ordenan desde una determinada expansión del alma que abre la misma a planos de vida y de plenitud existencial que transcienden lo convencional y ordinariamente humano. Todas encontrarán su quicio en la copertenencia de contrarios –coincidentia opositorum-, en la toma de conciencia de la unidad de todo lo real y en cierta pervivencia de lo humano más allá de su propia particularidad. Estas tradiciones sapienciales entenderán la ebriedad como algo que transciende lo meramente extático de tal modo que sus bendiciones abrazaran no solo determinados estados sino la más estricta cotidianidad y la totalidad de lo humano. Advirtamos que, así considerada, la ebriedad vendría a entenderse como una expansión de la conciencia que ampararía un conocimiento más profundo de lo real.

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Revista “Letra y Espíritu” nº 36: Especial Providencia y Destino

Posted in Publicaciones, René Guénon, Sabiduría Universal by paginatransversal on 14 agosto, 2014

LETRA Y ESPIRITU 36 PROVIDENCIA Y DESTINO

ESPECIAL PROVIDENCIA Y DESTINO

René Guénon
Providencia, Voluntad, Destino

A. K. Coomaraswamy
Destino, Providencia y Libre Albedrío

Emir ‘Abd al-Qâdir
¿En qué sentido Allâh se impone algo?

Jámblico
Sobre el Destino (extractos)

Salustio
Sobre los Dioses y el Mundo

Boecio
La consolación de la Filosofía (extracto)

Plotino
Enéadas III. Sobre la Providencia (extracto)

San Bernardo
Tratado de la Gracia y el Libre Albedrío (extracto)

Anónimo
Cuento popular: Fatum

Fuente: Editorial Librería Pardes

 

Novedad editorial: El Hombre y su devenir según el Vêdanta, de René Guénon

Posted in Autores, Historia, Libros, Publicaciones, René Guénon, Sabiduría Universal by paginatransversal on 21 octubre, 2013

RENE GUENON EL HOMBRE Y SU DEVENIR SEGUN EL VEDANTA

Presentamos la aparición de “El Hombre y su devenir según el Vêdanta”, cuarto volumen de la colección “El Anillo de Oro”, dedicada a las obras de René Guénon. Edición bilingüe, el original recoge la última edición revisada por René Guénon (1947).

Traducción a cargo de Juan de la Viuda.

Obra única desde diversos puntos de vista, el presente ensayo expone, en lenguaje asequible para un Occidental, la doctrina tradicional acerca de la constitución del ser humano y su destino póstumo, siguiendo la formulación que de estas cuestiones hace el Vêdânta, “rama más puramente metafísica” de las doctrinas que componen la tradición hindú.

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Edición bilingüe de las obras de René Guénon: Colección El Anillo de Oro

Posted in Autores, Libros, Publicaciones, René Guénon, Sabiduría Universal by paginatransversal on 12 febrero, 2013

RENÉ GUÉNON

Con renovada alegría venimos a reseñar en esta ocasión el singular lanzamiento en lengua castellana, por parte de la Editorial Librería Pardes, de la colección “El Anillo de Oro”, que irá dando a la imprenta, D.m., trece de las obras escritas por René Guénon, o editadas por sus amigos tras su muerte en 1951, reuniendo varios de sus escritos dispersos, como fuera el caso de Comptes rendus. Lo que hace singular este lanzamiento editorial es que por primera vez la edición de estas obras se llevará a cabo en una cuidada edición bilingüe francés-español, donde, al lado del original en francés, página con página, encontramos una cuidada traducción al español realizada por un equipo especializado de traductores, dirigido por Juan de la Viuda, y compuesto por personas con una sólida formación y una dilatada experiencia en el ámbito iniciático. En efecto, sabiendo de la precisión y el rigor con que René Guénon escribía sus obras, se comprende del todo necesario, moviéndonos en el delicado ámbito del dominio iniciático, extremar la atención y poner el mejor de los cuidados en cada término y contexto empleados, adaptando los giros y peculiaridades de la lengua francesa a los propios de la española, y todo ello sin alterar o corromper ni el sentido ni el significado profundos transmitidos por el autor. Máxime cuando es fácil hacer memoria de las descuidadas, e incluso pésimas e ininteligibles, versiones al castellano que se han realizado de la obra de René Guénon durante las últimas tres o cuatro décadas, traicionando así la auténtica enseñanza tradicional, de la cual el autor se mostró para nuestro lugar y nuestro tiempo como depositario y portavoz inigualable. Así mismo, la presencia del original francés en el mismo ejemplar, favorece el acceso directo a los textos, lo que puede conllevar una mejor apreciación de los matices y verdaderos alcances que contienen.

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Vintila Horia: encuentro con los esotéricos (sic*) I

Posted in Autores, Frithjof Schuon, Julius Evola, René Guénon, Titus Burckhardt, Vintila Horia by paginatransversal on 7 diciembre, 2012

VINTILA HORIA

por Vintila Horia – Lo que hemos enfocado hasta ahora, a lo largo de las páginas pre­cedentes, todo este enorme material relacionado con PSI, puede ser dividido en dos partes distintas: una fenomenología perfectamente a nuestro alcance razonador y a los instrumentos o prótesis de nuestras técnicas de laboratorio, como la telepatía, la clarividencia, el aura al­rededor de los cuerpos, visibles a través de la cámara Kirlian, la sofrolo­gía, los fenómenos relacionados con la sinestesia o posibilidad de relacio­nar estímulos sensoriales distintos (los del oído con los visuales), et­cétera, y que pueden perfectamente formar parte del objeto de estudio de la parapsicología, o sea, de algo colocado al lado de la psicología, en situación de paralelismo epistemológico. Y otra fenomenología, mucho más sutil, a la que habría que conservar el nombre de metapsíquica, situada más allá de la posibilidad de aprehensión de los sentidos hu­manos y de los aparatos de laboratorio e incluso de la pura razón, y dentro de la que se encontraría la psicofonía, el espiritismo, la levita­ción y cualquier fenómeno relacionado con la telergia o influjo directo del espíritu sobre la materia, etc.

Vuelvo sobre esta necesaria disquisición no sólo porque la con­fusión metodológica creada últimamente dentro de la parapsicología, al mezclarse unos terrenos con otros, ha sido contraproducente en lo que al mismo prestigio de esta nueva ciencia se refiere, sino porque la di­ferenciación que hemos establecido nos permitirá comprender mejor la actitud enemistosa de los esotéricos ante cualquier manifestación meta­psíquica. El mismo acercamiento que aquí realizamos, el hecho de haber situado a los esotéricos dentro de un fenómeno general llamado PSI, es considerado herético por cualquiera de los practicantes de esta antigua disciplina. Sin embargo, ninguno de ellos se ha ocupado jamás de para­psicología, en el sentido que nosotros otorgamos a esta palabra, consi­derando todo fenómeno de este tipo como puro engaño de los sentidos. Es así como René Guénon, Julius Evola, Frithjof Schuon o Titus Burckhardt los más conocidos esotéricos de nuestro siglo, rechazan cualquier manifestación espiritista o la consideran de manera completamente dis­tinta a la de los parapsicólogos. Guénon ha dedicado todo un capítulo de su libro El error espiritista a la explicación del fenómeno, y sus con­sideraciones y conclusiones son más que severas. Se trata de un «error».

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El simbolismo del teatro

Posted in Autores, René Guénon, Sabiduría Universal, Teatro y Artes Escénicas by paginatransversal on 8 noviembre, 2012

por René Guénon – Anteriormente hemos comparado la confusión existente entre un ser y su manifestación exterior y profana y aquella que se cometería pretendiendo identificar a un actor con el personaje al cual interpreta; para comprender hasta qué punto es exacta esta comparación, algunas consideraciones generales sobre el simbolismo del teatro no estarán aquí fuera de propósito, aunque no se apliquen de forma exclusiva a lo concerniente propiamente al dominio iniciático. Por supuesto, este simbolismo puede estar vinculado con el carácter original de las artes y los oficios, los cuales poseían un valor de este orden debido al hecho de estar unidos a un principio superior, del cual derivaban a título de aplicaciones contingentes, y que no se han vuelto profanos, como a menudo hemos explicado, sino como consecuencia de la degeneración espiritual de la humanidad en el transcurso de la marcha descendente de su ciclo histórico. (more…)

La presencia de René Guénon en Mircea Eliade y Carl Schmitt

por Francisco García Bazán  (Universidad A.J.F. Kennedy-CONICET)

Al final de mi libro en colaboración René Guénon y la tradición viviente (1985), apuntaba algunos rasgos sobre la influencia de René Guénon en una diversidad de estudiosos contemporáneos. Allí escribí:

«El mundo de habla española, por su parte, se abre velozmente en los últimos decenios a la gravitación guenoniana. Hemos de reconocer que la Argentina, en este sentido, no sólo ha jugado un papel preponderante, sino que incluso fue oportunamente una verdadera precursora de este florecimiento del pensamiento de Guénon [en la geografía hispana]. (more…)

¿Qué hay que entender por Tradición?

Posted in Autores, René Guénon, Sabiduría Universal by paginatransversal on 17 enero, 2011

RENÉ GUÉNON

por René Guénon – En lo que precede, hemos hablado a cada instante de tradición, de doctrinas o de concepciones tradicionales, y hasta de lenguas tradicionales, y no se puede hacer de otro modo cuando se quiere designar lo que constituye verdaderamente todo lo esencial del pensamiento oriental bajo sus diversos modos; pero ¿qué es, más precisamente, la tradición? Decimos desde luego, para evitar una confusión que podría producirse, que no tomamos esta palabra en el sentido restringido en que el pensamiento religioso del Occidente opone a veces “tradición” y “escritura”, entendiendo por el primero de estos dos términos, de una manera exclusiva, lo que ha sido objeto de una transmisión oral. Por el contrario, para nosotros, la tradición, en una acepción mucho más general, puede ser escrita lo mismo que oral, aunque habitualmente, si no siempre, haya debido ser antes que nada oral en su origen, como lo hemos explicado; pero, en el estado actual de las cosas, la parte escrita y la parte oral forman por doquiera dos ramas complementarias de una misma tradición, ya sea religiosa o de otra especie, y no vacilamos en hablar de “escrituras tradicionales”, lo que sería evidentemente contradictorio si diésemos a la palabra “tradición” sólo su significado más especial; por lo demás, etimológicamente, la tradición es simplemente “lo que se transmite” de una manera o de otra.

Además, es necesario comprender en la tradición a titulo de elementos secundarios y derivados, pero sin embargo importantes para tener de ella una noción completa, todo el conjunto de las instituciones de diferentes órdenes que tienen su principio en la misma doctrina tradicional.

Considerada así, la tradición puede parecer que se confunde con la misma civilización que es, según ciertos sociólogos, “el conjunto de las técnicas, de las instituciones y de las creencias comunes a un grupo de hombres durante un determinado tiempo” (1). Pero, ¿qué vale exactamente esta definición? No creemos, a decir verdad, que la civilización sea susceptible de caracterizarse generalmente en una fórmula de este género, que será siempre demasiado amplia o demasiado estrecha en ciertos aspectos exponiéndose a dejar fuera de ella elementos comunes a toda civilización, y a comprender en cambio otros elementos que sólo pertenecen propiamente a algunas civilizaciones particulares. Así pues, la definición precedente no tiene en cuenta lo que hay de esencialmente intelectual en toda civilización, porque esto es algo que no se podría hacer entrar en lo que se llama las “técnicas”, que se nos dice que son “conjuntos de prácticas especialmente destinadas a modificar el medio físico”; por otra parte, cuando se habla de “creencias”, agregando que esta palabra debe ser “tomada en su sentido habitual”, hay ahí algo que supone manifiestamente la presencia del elemento religioso lo cual es en realidad especial a ciertas civilizaciones y no se encuentra en otras. Para evitar cualquier inconveniente de este género nos hemos contentado, al principio, con decir simplemente que una civilización es el producto y la expresión de cierta mentalidad común a un grupo de hombres más o menos extenso, reservando para cada caso particular la determinación precisa de sus elementos constitutivos.

De todos modos, no es menos cierto que, en lo que se refiere al Oriente, la identificación de la tradición y de la civilización toda entera está justificada en el fondo: cualquier civilización oriental, tomada en su conjunto, se nos presenta como esencialmente tradicional, y esto resulta inmediatamente de las explicaciones que dimos en el capitulo precedente. En cuanto a la civilización occidental, dijimos que está por el contrario desprovista de todo carácter tradicional, con excepción de su elemento religioso, que es el único que ha conservado este carácter. Y es que las instituciones sociales, para que se las pueda Ilamar tradicionales, deben estar efectivamente unidas, como a su principio, a una doctrina de carácter tradicional también, ya sea esta doctrina metafísica, ya religiosa o de cualquier otra clase concebible. En otros términos, las instituciones tradicionales, que comunican este carácter a todo el conjunto de una civilización, son las que tienen .su razón de ser profunda en su dependencia más o menos directa, más o menos intencionada y consciente, con relación a una doctrina cuya naturaleza fundamental es, en todos los casos, de orden intelectual, pero la intelectualidad puede hallarse en ella en estado puro, y entonces se trata de una doctrina propiamente metafísica, o bien encontrarse mezclada a diversos elementos heterogéneos, lo que da nacimiento al modo religioso y a los otros modos de los que puede ser susceptible una doctrina tradicional.

En el Islam, lo hemos dicho, la. tradición presenta dos aspectos distintos, de los cuales uno es religioso, y es al que se adhiere directamente el conjunto de las instituciones sociales, mientras que el otro, el que es puramente oriental, es verdaderamente metafísico. En cierta medida, hubo algo de este género en la Europa de la Edad Media con la doctrina escolástica, en la que, por otra parte, se ejerció fuertemente la influencia árabe; pero es necesario agregar, para no llevar más lejos las analogías, que la metafísica jamás ha sido separada, tan nítidamente como debería serlo, de la teología, es decir, en suma, de su aplicación especial al pensamiento religioso, y que, por otra parte, lo que se encuentra en la teología de propiamente metafísico no es completo, permaneciendo sometido a ciertas limitaciones que parecen inherentes a toda la intelectualidad occidental; sin duda hay que ver en estas dos imperfecciones una consecuencia de la doble herencia de la mentalidad judaica y de la mentalidad griega.

En la India, se está en presencia de una tradición puramente metafísica en su esencia, a la cual vienen a agregarse, como otras tantas dependencias y prolongamientos, aplicaciones diversas, ya sea en ciertas ramas secundarias de la doctrina misma, como la que se refiere a la cosmología por ejemplo, o bien en el orden social, que está por lo demás determinado estrictamente por la correspondencia analógica que se establece entre las formas respectivas de la existencia cósmica y de la existencia humana. Lo que aparece aquí mucho más claramente que en la tradición islámica, sobre todo en razón de la ausencia del punto de vista religioso y de los elementos extra-intelectuales que él implica esencialmente, es la total subordinación de los diversos órdenes particulares con respecto a la metafísica, es decir al dominio de los principios universales.

En China, la separación muy clara de la que hemos hablado, nos muestra, por una parte, una tradición metafísica, y, por otra, una tradición social, que pueden parecer a primera vista no sólo distintas, como lo son en efecto, sino aun relativamente independientes una de otra, tanto más cuanto que la tradición metafísica ha sido siempre el patrimonio casi exclusivo de una “élite” intelectual, mientras que la tradición social, en razón de su naturaleza propia, se impone igualmente a todos y exige en el mismo grado su participación efectiva. Sólo que es necesario fijarse en que la tradición metafísica, tal como está constituida bajo la forma del “Taoísmo”, es el desarrollo de los principios de una tradición más primordial, contenida principalmente en el “Yi-King“, y que es de esta misma tradición primordial de donde fluye enteramente, aunque de manera menos inmediata y sólo como aplicación a un orden contingente, todo el conjunto de instituciones sociales que es habitualmente conocido bajo el nombre de “Confucianismo”. Así se encuentra restablecida, con el orden de sus relaciones reales, la continuidad esencial de los dos aspectos principales de la civilización extremo-oriental, continuidad que estaría uno expuesto a desconocer casi inevitablemente, si no supiese remontar hasta su fuente común, es decir hasta esta tradición primordial cuya expresión ideográfica, fijada desde la época de Fo-hi, se ha mantenido intacta a través de casi cincuenta siglos.

Debemos ahora, después de esta visión de conjunto, señalar de manera más precisa lo que constituye propiamente esta forma tradicional especial que denominamos la forma religiosa, luego lo que distingue el pensamiento metafísico puro del pensamiento teológico, es decir de las concepciones en modo religioso, y también, por otra parte, lo que lo distingue del pensamiento filosófico, en el sentido occidental de esta palabra. En estas distinciones profundas encontraremos verdaderamente, por oposición a los principales géneros de concepciones intelectuales, comunes al mundo occidental, los caracteres fundamentales, de Ios modos generales y esenciales de la intelectualidad oriental.

NOTA:

(1). E. DOUTTÉ, Magie et religion dans l’Afrique du Nord. Introducción, pág. 5.

 (Capítulo III de la 1ª parte de Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes)