Cultura Transversal

Akira Kurosawa, el último samurái del cine

Posted in Cine, Convocatorias, Kurosawa by paginatransversal on 25 marzo, 2010

“BARCELONA/VITORIA/MADRID, 22 (EUROPA PRESS)
El cineasta japonés Akira Kurosawa (1910-1998) cumpliría este martes cien años. Con motivo de este aniversario doce ciudades españolas acogerán más de un centenar de eventos dedicados emperador del cine asiático, entre los que destacan ciclos de cine, seminarios, conferencias y obras de teatro.

La Fundación Japón-Madrid organiza, tanto en Barcelona como en Madrid, un ciclo de conferencias sobre el teatro “Noh”, que influyó de forma decisiva en la manera en que el autor de “El ángel ebrio” y “Los siete samuráis” concibió el cine.

Esta modalidad de arte japonés, con más de 600 años de historia, también protagoniza actualmente una exposición en la Fundación Pons. Además, varias obras de teatro serán representadas en Barcelona y Madrid por uno de los grupos de teatro “Noh” más importantes de Japón, la escuela Kongo.

A pesar de las diversas exposiciones y el teatro, el cine será el claro protagonista. El Festival Internacional de Cine de las Palmas de Gran Canaria ha programado el ciclo “Centenario Akira Kurosawa” y el Festival Internacional de Cine de Valladolid (Seminci 2010) presentará el homenaje “Revisando a Akira Kurosawa 1910-2010”.

Además, la Filmoteca de Catalunya, la Filmoteca Española, la Filmoteca Asturiana y la Filmoteca del Instituto Valenciano de Cinematografía programarán un ciclo dedicado al cineasta japonés.

También se sumarán al homenaje la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (Escac), la Casa Asia de Barcelona, el centro Casa Asia de Madrid, el Centro Social Universitario de la Universidad de Murcia y el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).

El Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo (ARTIUM) homenajeará el miércoles a Akira Kurosawa, uno de los directores de cine más influyentes de la historia, en el centenario de su nacimiento.

Cuatro de sus más destacadas filmaciones, entre ellas su “opera prima” y su despedida, podrán verse en sesión continua a partir de las once de la mañana en la Sala Sur del centro-museo, con entrada libre, según informó Artium en un comunicado.

Este mini-ciclo será el prólogo de otro más extenso que el museo dedicará en abril a Kurosawa. Ambos ciclos estarán dirigidos por el cineasta alavés Ernesto Tellería.

DESCENDIENTE DE SAMURÁIS
Kurosawa nació en Tokio el 23 de marzo de 1910. Descendiente de un antiguo linaje de samuráis, tuvo acceso desde muy joven a las grandes películas del cine mudo, especialmente norteamericanas, gracias a su hermano mayor, que trabajaba como narrador en las salas comerciales.

A partir de su debut con Sugata Sanshiro, y en especial en la década de 1950, Kurosawa desarrolló una inconfundible y personalísima técnica cinematográfica que unida a su fuerte carácter le hicieron merecedor del sobrenombre de “El emperador”.

Influido por creadores tan dispares como Esquilo, Shakespeare, Simenon o John Ford, ejerció a su vez una acusada influencia en muchos directores occidentales, desde John Sturges (“Los siete magníficos”), y Sergio Leone (“Por un puñado de dólares”), hasta George Lucas (episodios IV y VI de “La guerra de las galaxias”) y Walter Hill (“Last Man Standing”).

Las cuatro películas seleccionadas por Ernesto Tellería se proyectarán en sesión contínua a partir de la apertura del centro-museo, a las once de la mañana. El primero de los filmes es “Sugata Sanshiro” (“La leyenda del gran judo”, 1943), al que seguirán “Los siete samuráis” (1954), Dersu Uzala” (“El cazador”, 1975) y “Madadayo” (1992).”

Extraído de: Diario siglo XXI

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Akira Kurosawa por Akira Kurosawa

Posted in Cine, Kurosawa by paginatransversal on 3 julio, 2009

AK en una entrevista para la BBC habla del mal, del héroe, del teatro Nô, del cine mudo, de la adaptación americana de Los siete samurais,…
AK sobre Vivir, Trono de sangre, Los siete samurais, Rashomon,…
AK según AK.

[A propósito de La leyenda del gran judo]

Evidentemente, con el tiempo, me doy cuenta de lo joven que era. Que es una película hecha por un joven realizador. Si yo la hiciera ahora, me pregunto que resultaría. Dicho esto… incluso si uno considera que un joven no tiene experiencia, no ha todavía formado sus convicciones, la juventud tiene de todos modos sus ventajas. Y creo que es una buena cosa.

¿La guerra influenció la elección de vuestros argumentos? Sí, eso creo. En el caso de El gran judo… La segunda versión, y en la película que he realizado a continuación, La más bella, la Oficina de Propaganda me pidió incluir ciertas cosas. Quería que yo incorporara ciertos elementos nacionalistas. Es lo que me pidieron. Intenté resistir. Pero si quería continuar trabajando en Japón en esta época, no podía rechazarlo. Es en este modo que la guerra ha tenido un efecto sobre mis películas. Intenté no incorporar sus ideas, pero no tenía elección.

El personaje de Sugata Sanshiro parece ser ya un verdadero héroe de una película de Kurosawa. ¿Me gustaría preguntarle que representa el héroe en sus películas? Es difícil decirlo… No existe otro héroe como Sugata Sanshiro. Diré solamente… que en todas mis películas, los héroes tienen cada uno sus propias motivaciones y la capacidad para alcanzar sus objetivos. Para mi, el héroe es aquel que es sincero… que llega a alcanzar sus fines con sus medios, incluso si estos son modestos. Es esto lo esencial. Para mi, eso es un héroe. […]

[A propósito de Trono de sangre]

¿Si existe el mal absoluto? No tento ni idea. Sólo que… Ciertas personas hacen cosas inimaginables en este mundo terrible. No se cuales son sus pulsiones. Simplemente, existen personas… que piensan en exterminar a todos los judios. Las personas normales, como yo, no pensariamos jamás en hacer eso. ¿De dónde vienen esas pulsiones y ese mal…? Creo que es algo innato. El sentido común nos evita pensar así. La pulsión nace de repente como una suerte de mutación. Hablo en general. No creo en el bien y en el mal absolutos. […] Soy japonés, y pienso en tanto que japonés, y realizo mis películas con este estado de ánimo. No he estado nunca influenciado por el extranjero. […] Cuando leí Macbeth, lo encontré muy interesante. Me hacía pensar en muchas cosas. El Japón de la guerra civil y la época de Shakespeare se parecen mucho. Los personajes también. Luego coger a Shakespeare y adaptarlo… a un contexto japonés no fue demasiado difícil. […] El nô es una forma de expresión única en el mundo. Tiene un impacto formidable. Luego si yo no hubiera tomado esta expresión, los personajes no habrían tenido el mismo impacto. Yo adoró el nô y lo he mirando siempre, luego es normal que me inspire en él.

[…]

Existen muchas formas de expresión. Uno puede contar una historia con los diálogos. Pero es fastidioso explicarlo todo. Por tanto intento economizar el diálogo. Para empezar, imagino mi película como una película muda. Siempre he intentado volver a los orígenes del cine mudo. Es por esto que continuo estudiando las películas mudas. Cuando realizo una película, me pregunto como haría si fuera muda, que tipo de expresión es necesaria. A continuación intento reducir el diálogo al mínimo. […] Considero el cine como una concentración de artes. El cine es un trabajo complejo que reune elementos de la pintura y la literatura… Uno no puede hablar de cine sin hablar de literatura, de teatro, de pintura y de música… Muchas artes se convierten en una sóla. Pese a todo, una película es una película. […]

[A propósito de Los siete samurais]

Adaptar Los siete samurais a western era un error, pienso. En términos de narración, era un error transformar a los samurais en mercenarios. Son el equivalente de un yakuza. Han intentado impregnarlos del espíritu samurai, pero es inimaginable que los yakuzas se enfrenten contra los bandidos. Encuentro que estructuralmente, la historia no se sostiene. Los samurais tiene su propia filosofía, su propio código de conducta y su propia noción de justicia. Su educación es totalemente única. Es fácil… imaginar samurais que se enfrentan contra los bandidos, pero los yakuzas no se enfrentan contra los bandidos. Estos mercenarios se parecen más a los yakuzas. En este punto, han cometido un error. De modo que, no encuentro la película muy interesante.

He nacido en una familia de samurais. De hecho, conozco muy poco la pequeña burguesía. Es por esta razón que me ha costado escribir sobre este ambiente.

Yojimbo y Sanjuro han tenido un enorme éxito en Japón. Sin embargo, la prensa a siempre dirigido una campaña contra usted. Sugieren casi que traiciona su propia cultura. ¿Eso os hiere? Sí… Enormemente. Cada vez que realizo una película. Eso que escriben no es cierto. Es muy difícil de soportar. Intento no hacerle caso, pero no lo logro. Un día, me di cuenta que si intentaba un proceso de difamación, podría ganarlo, tenía pruebas suficientes. Pero la justicia es muy lenta. Llevaba demasiado tiempo. Luego me he visto obligado a vivir con ello. De todos modos, la prensa amarilla no sabe que escribir malicias sobre la gente.

[Extractos de una entrevista entre Akira Kurosawa y Leslie Megahey producida para la BBC en 1.986]

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Rashomon, Daiei 1950.

Yo tenía que hacer un filme para la Daiei. Entonces Shinobu Hashimono [con quien Kurosawa trabajó en Vivir y muchos otros filmes] tenía varios guiones disponibles. Uno me atraía, pero era demasiado corto y sólo tenía tres episodios. Gustó mucho a todos mis amigos, pero la Daiei no lo entendía.

Preguntaban: «¿Qué significa todo esto?» Lo hice más largo. Puse un principio y un final, y por fin accedieron a hacerlo. Así Daiei se sumó a los otros -Shochiku con El idiota, Toho con Notas de un ser vivo- que se atrevieron a intentar algo diferente. [Kurosawa es muy caritativo. En realidad Daiei se mantuvo inasequible a la comprensión. El jefe de la casa se salió durante la primera proyección y, hasta que la película empezó a ganar premios fuera, repetía gustoso a la prensa que no entendía casi nada. Shochiku, naturalmente, destrozó El idiota.] Creo que Machiko Kyo estaba maravillosa…. tan convincente. Y llevó casi un mes conseguirlo. Después de terminar quise volver a trabajar con ella, pero no tuve oportunidad. [Hasta hace poco Machiko Kyo tenía un contrato exclusivo con la Daiei y la Daiei nunca invitó a Kurosawa a hacer otro filme.] Estábamos en Kyoto, esperando a que acabaran el decorado. Mientras tanto pusimos algunas cintas de 16 milímetros para entretenernos, y una era un filme de selva, de Martin Johnson, que tenía una escena de un león merodeando. Me fijé en la toma y dije a Mifune que eso era lo que quería de él. También había visto Mori en la ciudad una película de selva en que aparecía un leopardo negro. Fuimos todos a verla. Cuando salió el leopardo, Machiko se asustó tanto que se tapó la cara. Vi y anoté el gesto. Era lo que necesitaba para la joven esposa.

Otra cosa sobre este filme. Me gustan y me han gustado siempre las películas mudas. Con frecuencia son mucho más bellas que las sonoras. Acaso tienen que serlo. De todos modos, quise restaurar algo de su belleza. Recuerdo que lo pensé así: «Una de las técnicas de la pintura moderna es la simplificación; por lo tanto, debo simplificar este filme.»

Tuvimos nuestros problemas en el rodaje. Después de montar un rollo hubo un incendio en los estudios, y otro durante el doblaje. No me agrada recordar aquellos tiempos. Ni tampoco sabía que el filme había sido enviado a Venecia. Y no lo hubieran mandado si Giuliana Stramigioli (al frente de Unitalia Film) no lo hubiera visto y apreciado.

Los japoneses critican terriblemente los filmes japoneses, así que no es raro que una extranjera fuera la responsable del envío del filme. Lo mismo pasó con nuestros grabados en madera. Los primeros en apreciarlos fueron los extranjeros. Siempre tenemos en poco nuestras cosas. En realidad, Rashomon no era tan bueno. Cuando lo digo, me contestan: «Ustedes los japoneses tienen en poco sus propias cosas. ¿Por qué no defiende su filme? ¿Qué le asusta tanto?»

Lo que más me sorprendió del filme fue la fotografía. Kazuo Miyagawa [que hizo Ugetsu, Kagi y luego Yojimbo] estaba preocupado por si no era bastante buena. Shimura le conocía de antes y me habló de sus temore. Cuando vi las primeras tomas quedé convencido. Era absolutamente perfecta.

Ikiru (Vivir), Toho 1952.

De lo que mejor me acuerdo es de la larga escena del velatorio con que termina el filme, en la que vemos de vez en cuando escenas postreras de la vida del protagonista. Al principio quise, poner música en toda esta larga parte. Lo hablé con Hayasaka, lo decidimos y él escribió la partitura. Pero cuando llegó el momento de las mezclas, por más que hacíamos no se correspondían las escenas y la música. Lo pensé largo tiempo y luego quité toda la música. Recuerdo lo decepcionado que se quedó Hayasaka. Se quedó allí sentado, sin decir nada, y trató de parecer alegre el resto del día. Sentí hacerlo, pero era necesario. Yo no hallaba modo de decirle mis sentimientos. Ya nos ha dejado.

Era un hombre excelente. Era como si él (con sus gafas) fuera ciego y yo fuera sordo. Trabajábamos tan bien juntos porque la debilidad de uno era la fuerza del otro. Estuvimos juntos diez años y luego murió. No fue sólo una pérdida para mí, sino también para la música. No se conocen dos personas como él en toda una vida.

[Kurosawa ha mencionado en otro lugar la génesis de la idea que desembocó en Vivir. «A veces pienso en mi muerte… y pienso cómo podré resistir el respirar el último aliento; viviendo una vida así, ¿cómo podré abandonarla? Siento que me queda tanto por hacer…, siento que he vivido tan poco. Entonces me quedo pensativo, pero no triste. De este sentimiento nació Vivir.»]

Shichinin no samurai (Los siete samurais), Toho 1954.

Los filmes japoneses tienden todos a ser assari shite iru [ligeros, llanos, sencillos, pero sanos] igual que ochazuke [té verde sobre arroz, un plato cuyas cualidades assari son tan celebradas que Ozu lo usó en el título de un filme], pero creo que debemos tener alimentos más ricos, filmes más ricos. Así pensé en hacer esta clase de filme, tan entretenido como para comérselo, por así decir. Claro que pensé así desde el principio… pero ¡qué trabajo da hacerlo en el Japón! Siempre pasa algo. No teníamos caballos bastantes, llovía todo el tiempo. Era la clase de película que no es posible hacer en este país.

Y cuando se terminó era demasiado larga, pero en el Japón se estrenó sin cortar. [El original duraba más de tres horas y se exhibió sólo en 1954, y sólo en determinadas ciudades. Una versión acortada tuvo segunda y tercera explotación. Otra versión acortada se preparó para exportación, y es la que han visto casi todos. Se hizo una tercera para el Festival de Venecia, a la que corresponden las observaciones de Kurosawa. No hay copias del original en Japón, y al parecer se han perdido también los negativos de los cortes.] Pero tuvimos que acortarla para Venecia. Claro que ningún crítico la entendió. Se quejaban de que la primera mitad era confusa. Sí que lo era… Era la mitad que cortamos. Yo sé lo buen filme que era. La segunda mitad, que fue a Venecia sin cortes importantes, fue comprendida y apreciada. En realidad, unos pequeños cortes la mejoraron.

Fue difícil hacer ese filme. [Kurosawa no menciona que parte de la dificultad venía de los productores, que, comprensiblemente alarmados de que una producción cara durara más de un año y que la mitad del tiempo se pasara en unos lejanos exteriores, mandaron una serie de telegramas diciendo al director que volviera enseguida. El director constestó con otros telegramas diciendo que escogieran entre la alternativa de dejarle seguir o despedirlo.] Pero fue un trabajo maravilloso. Mi equipo, los que trabajan siempre conmigo…, no hay mejores colaboradores en el mundo. Y no me limito a los que trabajaron en el guión o la preparación o la producción…, me refiero a los carpinteros, electricistas, tramoyistas. Aunque no les decía cómo hacer cada cosa, sabían lo que yo quería. A gente como ésta debo haber podido hacer películas como ésta.

Kumonosujo (Trono de sangre), Toho 1957.

Entre este filme, Los bajos fondos y La fortaleza escondida, me salió una especie de trilogía jidai-geki. [Casi todos los japoneses, sin excluir a Kurosawa, dividen los filmes en peliculas de época (jidai-geki) y películas modernas (gendaimono), como si no hubiese más alternativa. En Occidente pasa algo parecido en la actitud hacia el western (por ejemplo, el «western adulto», etc.) y el film policiaco.] He pensado siempre que las películas jidai japonesas suelen ser poco exactas históricamente, y, además, nunca se han aprovechado de las modernas técnicas cinematográficas. En Los siete samurais intentamos remediar algo de esto, y Trono de sangre seguía esta idea general.

En principio yo quería producir el filme y dejar que lo dirigiera un realizador más joven. Pero cuando se terminó el guión y la Toho vio lo caro que sería, me pidieron que dirigiera yo. Así lo hice, y mi contrato acabó después de estos tres filmes.

Yo tenía también otra idea sobre el filme, y era simplemente que yo quería hacer Macbeth. [Kurosawa no había visto ninguna de las otras versiones, aunque mucho después vio la de Orson WeIles en televisión.] El problema era cómo adaptar la historia a la mente japonesa. La historia es bastante comprensible, pero los japoneses suelen pensar de otro modo respecto a cosas como brujas y fantasmas. [Aunque los fantasmas suelen ser vengativos, como en los innumerables filmes kaidan, la idea de un trío de brujas que era malévolo sin motivo justificado no entra en la imaginación japonesa.] Me decidí por la técnica del teatro noh porque en el noh el estilo y la historia son uno. Quería usar el modo en que los actores del noh mueven el cuerpo, su modo de andar, y la composición general que proporciona el escenario del noh. [En el filme, los más logrados ejemplos de esto se relacionan generalmente con la esposa de «Macbeth», que usa movimientos de noh un poco acelerados, y la escena en que trata de lavarse las manos es puro noh; también se ve la composición asimétrica del noh en muchos puntos, particularmente en las largas escenas de diálogo entre «Macbeth» y su esposa antes del primer asesinato. Por otra parte, la aparición del fantasma de Banquo utiliza muy poca técnica noh.]

Esta es una de las razones por la que hay tan pocos primeros planos en la película. Traté de mostrar todo utilizando el plano general. Los japoneses no suelen hacer filmes así, y recuerdo que mis instrucciones desconcertaron mucho a mi equipo. Estaban acostumbrados a aproximarse en momentos de emoción, y yo les hacía apartarse más. De este modo creo que puede decirse que el filme fue experimental.

Fue muy difícil hacerlo. Decidirnos que el decorado del castillo principal se construyera en la falda del monte Fuji, no para mostrar el monte, sino porque tiene precisamente el anquilosado paisaje que yo quería. Y suele tener niebla. Quise poner mucha niebla en este filme. [Kurosawa ha dicho en otro lugar que desde que era joven le atraía mucho la idea de un samurai saliendo a galope de la niebla. Al empezar la primera versión del filme, Mifune y Minoru salían y entraban a galope en la niebla ocho veces.] También quería un castillo bajo y agazapado. Kohei Ezaki, el director artístico, quería un castillo dominante, pero me salí con la mía. Fue difícil hacer el decorado porque no teníamos bastante gente, y los exteriores estaban muy lejos de Tokio. Por suerte había una base de marines americanos cerca, y ayudaron mucho, y también un batallón entero de policía militar. Trabajamos todos muy duro, limpiando el terreno y levantando el decorado. La tarea en esta ladera brumosa, recuerdo que nos agotó completamente. Casi nos pusimos malos.

Extraído de la revista de cine y literatura Tijeretazos

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