Cultura Transversal

El cante y la Fiesta

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 15 junio, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – En una semana de importantes comparecencias en la capital de bustos del cante y mientras El Pele la está formando en Sevilla, nos incorporamos como espectadores a la Suma Flamenca cuando su directora, Aída Gómez, acaba de ser galardonada con la Medalla al Mérito en el Trabajo y han pasado ya por los escenarios de los Teatros del Canal Eva La Yerbabuena y Argentina. Es la noche, la hora, el momento de David de Jacoba, a quien teníamos ganas de poder escuchar un recital completo como protagonista y que con un gran comienzo de faena nos enciende todas las alertas, pues en los ecos apolados y el lamento por malagueña con que abre su repertorio deja bien patente que es, como cantaor, el buen gusto personificado, pues difícilmente se puede cantar más gitano y con esa dulzura pura y natural que nada debe al empalago y que punza los sentidos con quejidos de una calidez que invita al ensueño lúcido. Lo suyo es aquello, en fin y como bien explicaba Rafael El Gallo, de tener un misterio que decir… y decirlo. (more…)

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“Duquende”: dulce veneno

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Literatura by paginatransversal on 30 mayo, 2014

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – En la novela policíaca, está de moda el recurso a la imagen de una mujer negra tocando desnuda el saxo. Lo usa Charlotte Carter en El dulce veneno del jazz (Siruela). Y creo recordar haber leído también una escena similar, hace poco, en una novela de Padura, aunque, si me paro a pensarlo, no sé si la negra cubana –la otra es de Nueva York- era un chelo lo que tocaba… Además de en su casa y para estímulo de sus amantes, la protagonista de la intriga de Charlotte Carter toca también el saxo en la calle –vestida- y lo hace por afición, como el amigo Malik Yaqub, recientemente partido al Paraíso, que amenizaba con su música el paso de los transeúntes por la Plaza de Callao, si bien no por gusto, como la chica de la novela, sino –como suele ocurrir a los genios- a fin de poder pagar la pensión de esa noche a la casera.

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