Cultura Transversal

Novedad editorial: “Érase una vez América. El enemigo americano”

Posted in Alain de Benoist, Autores, Giorgio Locchi, Jesús J. Sebastián, Libros, Publicaciones by paginatransversal on 9 febrero, 2016

LOCCHI DE BENOIST EL ENEMIGO AMERICANOpor Jesús J. SebastiánEdiciones “Fides” publica el libro “El enemigo americano”, de Giorgio Locchi y Alain de Benoist. El ensayo central del libro lo constituye una reflexión de ambos autores titulada “Érase una vez América”, una crítica despiadada de la “civilización americana” que, pese a estar escrita hace ya muchos años, conserva toda su vigencia. El libro, además, contiene las reflexiones actuales de Alain de Benoist sobre la cuestión, donde podrá comprobarse que esa crítica sirve también en la época actual.

El antiamericanismo, en su forma ideológica, aparece ya en los primeros movimientos de la derecha radical y/o revolucionaria. Lo encontramos en Julius Evola, en los pensadores de la Revolución Conservadora alemana, como Heidegger, Niekisch o Moeller van den Bruck, así como en los no-conformistas franceses de los años treinta del pasado siglo. En este contexto cabe situar Le cancer américain (1931), de Robert Aron y Arnaud Dandieu, miembros de Ordre Nouveau, en el que hacen una llamada a combatir el “cáncer americano”, una enfermedad del espíritu yanqui dominado por el racionalismo y la abstracción, frente a las realidades concretas que caracterizan el pensamiento europeo. Aron y Dandieu criticaban la concepción antropológica materialista que reducía al hombre a una simple máquina de producir y consumir, un homo oeconomicus sometido a las exigencias de una razón tecnocrática y dominado por los imperativos de una economía exclusivamente dirigida al beneficio y no a las necesidades interiores del hombre. (more…)

El tiempo de los sargentos y de los poetas. Gabriele D’Annunzio y los orígenes del fascismo

Posted in Adriano Erriguel, Gabriele D´Annunzio, Historia, Literatura, Poesía, Videoteca by paginatransversal on 12 enero, 2014

GABRIELE D'ANNUNZIO

por Adriano Erriguel – Hoy es difícil admitirlo, pero en sus inicios el fascismo italiano no hacía presagiar el rumbo funesto que terminaría tomando para la historia de Europa.

Surgido del caos como una oleada de juventud, el fascismo pertenecía a una época revolucionaria en la que, ante los viejos problemas, se vislumbraban nuevas soluciones. En su momento fundacional el fascismo italiano se presentaba como una actitud más que como una ideología, como una estética más que como una doctrina, como una ética más que como un dogma. Y fue el poeta, soldado y condottiero Gabriele D´Annunzio quien esbozó, de la manera más rotunda, ese fascismo posible que nunca pudo ser, y que terminó dando paso a un fascismo real que malogró sus promesas iniciales para embridarse, de la forma más obtusa, hacia el abismo.

Poeta laureado y héroe de guerra, exhibicionista y demagogo, megalómano e histrión, nacionalista y cosmopolita, místico y amoral, asceta y hedonista, drogadicto y erotómano, revolucionario y reaccionario, talento del eclecticismo, del reciclaje y del pastiche, genio precursor de la puesta en escena y de las relaciones públicas: D´Annunzio fue un postmoderno avant la lettre cuyas obsesiones se nos antojan asombrosamente contemporáneas. El incendio que contribuyó a provocar tardaría en extinguirse, pero después nada volvería a ser lo mismo. ¿Por qué rememorar, hoy en día, a este maldito?
Tal vez porque en una atmósfera monocorde de corrección política, de transgresiones amaestradas y de pensamiento desnatado figuras como la suya funcionan como contramodelo, y nos recuerdan que, después de todo, la imaginación, sí, puede llegar al poder.

Años incendiarios

Hubo una época de vitalidad incontenible que, sobrecargada de tensiones e ideas de alto voltaje, precisó de una guerra mundial para ventilar sus contradicciones. Los pocos años que median entre 1900 y 1914 conocieron un extraordinario incendio en el arte y en la literatura, en el pensamiento y en la ideología, que pronto se propagó a todo el mundo. Uno de los epicentros de ese incendio fue Italia – más en concreto el eje entre Florencia y Milán –, lugar donde prendió “el sueño de un futuro radiante que surgiría tras haber purificado el pasado y el presente por el hierro y por el fuego”.(1)

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