Cultura Transversal

Novedad editorial: «Putin vs Putin: una visión de la Rusia del s. XXI», de Alexander Dugin

Posted in Alexander Dugin, Autores, Libros, Publicaciones, Videoteca by paginatransversal on 20 abril, 2017

En una situación tan revuelta a nivel geopolítico como la que estamos presenciando en la actualidad, hemos creído adecuado poner a disposición del público hispanohablante una obra que Aleksandr Duguin publicó en 2012 en la que se analiza en profundidad a uno de los principales protagonistas de la política internacional: Vladimir Vladimírovich Putin. En Putin vs Putin: una visión de la Rusia del s. XXI —cuyo título original, Путин против Путина: Бывший будущий президент («Putin vs. Putin: el futuro ex-presidente») hemos creído conveniente modificar— Duguin nos ofrece un amplio abanico de perspectivas sobre el actual presidente de la Federación Rusa y nos presenta cómo se formó el fenómeno Putin así como nos da algunas ideas sobre las directrices que está aplicando en Rusia.

Putin, antiguo miembro de las Juventudes Leninistas (Los Pioneros de Vladimir Lenin) hasta que fue expulsado por su rebeldía e indisciplina y, paradójicamente, con un fuerte trasfondo cristiano, llegó a formar parte de la KGB dentro de la cual, y también gracias y en parte a la influencia del Judo y de otras artes marciales, fue forjando su carácter independiente y marcial y adquiriendo múltiples habilidades que han hecho de él el estadista que conocemos en la actualidad.

En ese sentido, algunas de estas habilidades que vemos potenciadas en Vladimir Putin de forma incontestable, son su gran capacidad de comunicación y su excelente memoria, que lo capacitan para transmitir eficazmente unas ideas a las que sabe dar sentido y cohesionar bajo un discurso compacto y sin fisuras. Esta serie de habilidades y actitudes son las que construyen su personalidad y son determinantes en su capacidad de decisión. Vladimir Putin es un hombre con un amplio bagaje cultural, con un gran dominio de idiomas como el inglés y el alemán, y con capacidad para mostrar empatía y respeto hacia las distintas formas de identidad, etnias y tradiciones en un pensamiento en permanente evolución, adaptable a los nuevos retos que las situaciones de la política interna y externa le han venido planteando. A nivel muy tangencial y sintético estas son las impresiones que transmite el actual presidente ruso a la luz de algunos datos biográficos, pero lo cierto es que para nosotros, como occidentales y viviendo bajo el sistema demoliberal, la figura de Putin sigue planteándonos incógnitas en muchos aspectos.

Ante la actual situación geopolítica que vive el mundo a nivel global, y en ese frágil equilibrio que ciertos conflictos regionales, como es el que está desarrollándose en la cruenta guerra de Siria, el papel de aquellos mandatarios políticos que lideran a las principales potencias mundiales cobra un papel especialmente relevante. El arte de la política requiere de una serie de cualidades que no están al alcance de cualquier persona, y quién sabe si no hay incluso cuestiones no racionalizables —como cierta idea de predestinación en el desempeño de una misión histórica— detrás de aquellas potencias que a día de hoy rigen los destinos de la humanidad para bien y para mal.

Y es que hablar de la figura de Vladímir Vladimírovich Putin implica trazar varias visiones que pueden o bien confluir en un punto de encuentro o resultar totalmente antitéticas e irreconciliables. De ahí que Putin vs Putin: una visión de la Rusia del s. XXI se convierta en un análisis complejo, novedoso y clarificador en relación a muchas de las visiones que se han trazado sobre el ex-agente de la KGB — uno de los datos biográficos que, a menudo, más se pone de relieve para tratar de asociar su figura a la antigua Unión Soviética, cuyo fantasma muchos andan tentados de rescatar pese a que ésta forma parte de un pasado ya superado.

Putin visto desde Occidente

Nosotros, desde nuestra perspectiva del orbe liberal-capitalista y la progresiva mundialización bajo la que nos hallamos transicionando en estos momentos, nos convertimos en objetos permanentes de los intereses político-ideológicos y la presión de un sistema global que, lejos de buscar la integración de diversas concepciones de la existencia o del Ser, somos subsumidos bajo puntos de vista cada vez más estandarizados, más propios de aquella «conciencia global» que ciertos personajes de oscura trayectoria, como George Soros, han invocado en más de una ocasión. De este modo, el proceso de uniformización ha provocado una extraña paradoja bajo la que vivimos y que, en muchas ocasiones, no percibimos, y es que estamos siendo bombardeados con toneladas de información, imposible de asimilar en su mayor parte y que obedece, en un inmenso porcentaje, a los intereses globales del liberal-capitalismo hegemónico, que encuentra su principal apoyo en los mass media.

En este contexto todas aquellas políticas, personajes, instituciones, realidades sociales, culturales o civilizacionales que no converjan en ese proceso de estandarización global son automáticamente descalificadas, exoneradas y condenadas al ostracismo bajo ciertos calificativos o epítetos que obedecen a un interés ideológico que está más allá de la verdad. En ese sentido, analizar la existencia de esas realidades que existen, y prosperan, más allá del universo global de la civilización occidental liberal-capitalista, suponen una amenaza al Pensamiento Único, a la Sociedad Abierta popperiana que, paradójicamente, califica de totalitarios a aquellos proyectos de sociedades y civilizaciones que no cumplen con el estándar marcado por ese liberalismo que pretende convertirse en hegemónico a nivel global, sin posibilidad alguna de pluralidad o alternativas en ningún sentido. Para nuestras sociedades, desarrolladas al amparo de una serie de transformaciones en el plano económico, social y político que se plantean como la antesala de la Modernidad, y que culminan en la revolución propiamente política, en la Revolución Francesa de 1789, la de los inmortales principios, el liberalismo supone una realidad cotidiana, bajo la cual hemos vivido y que no solamente ha transformado nuestras estructuras materiales, sino que ha variado por completo nuestra Cosmovisión del mundo, hasta el punto que hemos renegado de nuestras tradiciones, de cualquier componente o elemento espiritual, de nuestro sentido orgánico de Comunidad y de otras tantas formas de arraigo que en las sociedades occidentales pre-modernas representan vínculos indisolubles. Sin embargo la realidad de otras latitudes, como pudiera ser la propia Rusia, representan un desarrollo histórico, unas mentalidades y cosmovisiones diametralmente opuestas y que no tienen por qué coincidir con aquellas que, desde Occidente, se consideran ética o moralmente justas.

La percepción de la Democracia

En una de nuestras obras anteriores, Justicia y Espiritualidad: el pensamiento político de Mahmud Ahmadineyad, nuestro prologuista Jordi de la Fuente reflexionaba sobre la concepción de la democracia en su formulación liberal y de la apropiación del concepto por parte de la sociedad liberal occidental, y lo hacía refiriéndose al caso particular de Irán, donde el régimen de los Ayatolá y la propia definición como «República Islámica» del régimen del Asia Central, ha sido categorizado como «país canalla» o perteneciente al «Eje del Mal» por oponerse a la hegemonía estadounidense en la zona, siendo automáticamente definida como régimen sanguinario o dictatorial desde esos mismos cenáculos.

En este sentido la ausencia de una perspectiva multipolar, y ese respeto, que mencionábamos anteriormente, por las peculiaridades y particularidades étnicas, religiosas o de tradición política imperantes en cada territorio es un factor decisivo. La democracia liberal implica en sí misma un principio reduccionista y totalitario que tiende a desechar cualquier forma alternativa de gobierno o pensamiento político. Esa misma perspectiva la vemos reflejada en las visiones de Occidente respecto a otros territorios que no convergen en las visiones clásicas del occidentalismo moderno. Por otro lado, en Occidente la ausencia de mecanismos de poder que tengan en cuenta el concurso de la voluntad popular o la implicación de ésta en la configuración de cualquier política, al nivel que sea, y con la posterior crisis económica, a partir de la cual los mecanismos de control social y el reforzamiento de las élites plutocráticas se ha hecho más presente, la supuesta libertad asociada a la democracia de libre mercado ha quedado cada vez más en evidencia.

La libertad también es objeto de reflexión en esta obra, y más concretamente a la luz de las teorías de los pensadores liberales, como Stuart Mill, dando lugar a interesantes conclusiones. En el caso que nos ocupa, en la figura de Vladimir Putin y la Rusia de la era postsoviética vemos reflejados los mismos prejuicios y equívocos a la hora de juzgar el devenir histórico de la nación eslava y la figura de quien guía actualmente los destinos del país más extenso del mundo. Desde Occidente no se tiene claro que Rusia obedezca a unos mecanismos objetivos en el desarrollo de su sistema político, y se habla de una autocracia o de un poder personalista ligado a la figura de Putin, sin tener en cuenta cuál es la percepción del propio pueblo ruso, el cual, como ocurre en los países occidentales, para los globalistas y propagandistas de la causa liberal, no son sujetos políticos activos en el devenir de las instituciones y el sistema.

La Rusia de Yeltsin

Hay que tener en cuenta la situación de la Rusia que resurge, cual ave fénix, de sus cenizas sobre el tablero de la geopolítica mundial, nuevamente como un actor geopolítico determinante y bajo un escenario significativamente diferente a aquel de 1991, cuando se produjo la liquidación de un proyecto agonizante que se prolongó durante siete décadas. Los años del Yeltsinismo, complejos y accidentados, bajo la égida de las políticas liberalizadoras y el caos institucionalizado, pareció borrar del mapa geopolítico mundial a la potencia ex-soviética. Durante ese periodo el mundo fue testigo de la victoria total, sin paliativos, de la superpotencia estadounidense y del liberalismo a escala global. Fueron los años decisivos en los que la hegemonía global estadounidense determinó el fin de la historia, en virtud de las teorías de Fukuyama, e inauguró una nueva etapa en la que, una vez desaparecido el enemigo comunista, el liberalismo se veía libre para extender sus raíces por todo el mundo y consumar su proyecto histórico.

Para la Rusia postsoviética la década de los noventa fue nefasta, una etapa de desilusiones y sueños rotos en los que, sin embargo, el Eurasianismo comenzaba a experimentar un auge en la formulación y difusión de sus postulados a través de diarios y círculos intelectuales, sin llegar a ser demasiado significativo en sus logros. Durante aquellos años la América de Clinton creía que era posible reducir a Rusia a una tierra de conquista desde las instancias financieras del capitalismo global. Wall Street invirtió ingentes recursos en financiar a las oligarquías mafiosas con la intención de un ulterior apoderamiento de las riquezas del país. Toda una trama de criminales que, con el advenimiento de Yeltsin pasaron a ser hombres de negocios, industriales y magnates del petróleo. Se trataba de auténticos sátrapas que tenían sus propias milicias personales y una serie de redes clientelares de políticos. Los años de Yeltsin estuvieron caracterizados por la conversión del capital estatal y del sistema productivo en privado, de una forma salvaje e incontrolada que permitió la presencia de un nuevo tipo de capital predatorio en el mercado ruso. De tal forma que acabó provocando la destrucción del aparato productivo y generando una inflación incontrolada.

Putin y el renacimiento ruso

Sin embargo, la irrupción de la figura de Vladimir Putin marcó un antes y un después en la historia de la naciente Federación Rusa; y es que una Rusia sumida en el caos, acechada por los movimientos secesionistas y la emergencia de nacionalidades dentro de su territorio, la Guerra de Chechenia o el poder desmesurado de los oligarcas con capacidad para imponerse por encima de las decisiones del poder político. En definitiva se trataba de una nación al borde del colapso, y amenazada por un ulterior desmembramiento a manos de nacionalismos regionales. Las acciones del presidente Vladimir Putin contra este panorama y su capacidad para subvertir la situación han marcado el inicio de una nueva era en la historia del país eslavo, y han supuesto una rehabilitación fundamental para que Rusia se postule como uno de los principales actores de la geopolítica internacional.

No obstante, la presente obra trata de analizar en profundidad muchos de los claroscuros que la acción de gobierno de Putin ha generado a lo largo de los años: cuestiones que atañen a cosmovisiones políticas de mayor calado, sobre las posibilidades de que Rusia pueda representar un nuevo proyecto histórico sustentado sobre las teorías eurasianistas mediante un proceso que ya está tomando cuerpo bajo la integración del espacio euroasiático a nivel económico, comercial y, previsiblemente de defensa, en los tiempos venideros. Dentro de un contexto más global las posibilidades de Putin para hacer frente a la hegemonía liberal representada por Estados Unidos y sus socios, englobados en la Alianza Atlántica, representa otro de los retos o potencialidades que todavía no se han desarrollado convenientemente. Por otro lado, otros elementos, como aquellos que nos remiten a la política interior, permanecen en un estado de cierta indeterminación, en el interior de la propia Federación Rusa. Hay muchos interrogantes e incógnitas en torno al presidente Vladímir Vladímirovich Putin que esperan ser respondidos o resueltos.

De modo que Putin vs Putin: una visión de la Rusia del s. XXI es una obra que no pretende agotarse en el presente o que simplemente pretende ofrecer una retrospectiva del mandato de Putin y el devenir histórico de la Rusia del presente siglo, sino que es lanza un complejo de interpretaciones, teorías y vaticinios a la luz de datos, hechos y acontecimientos muy concretos. Nos desvela el rostro de un líder que, como decíamos al comienzo, creemos conocer desde Occidente, pero que encierra una serie de potencialidades y posibilidades que desconocemos por completo. De hecho Rusia, bajo muchos clichés, estereotipos y multitud de prejuicios sigue siendo vista como el antiguo enemigo soviético desde la perspectiva liberal-occidental, una realidad ajena e incompatible respecto al orbe liberal-capitalista occidental, si no su antítesis.

El discurso de Múnich

Para finalizar destacaremos uno de los momentos clave en la trayectoria presidencial de Vladimir Putin, un verdadero punto de inflexión: se trata del discurso pronunciado en Munich el 10 de febrero de 2007, en el cual Putin mostró capacidad para desafiar la hegemonía liberal-capitalista representada por su estandarte mundial, Estados Unidos, y su estrategia atlantista en el mundo. Es a partir de este momento cuando comienza a tomar fuerza el discurso del mundo multipolar y del Eurasianismo en el discurso del mandatario ruso. Ahora es el momento en el cual se plantea la verdadera encrucijada para Putin, el momento de cruzar su particular Rubicón que pueda materializar la integración el espacio eurasiático y abrir una nueva perspectiva en las relaciones internacionales, en las que nosotros, como europeos, también nos vemos implicados.

Fuente: Hipérbola Janus.

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